Para explicar el origen de la primera dinastía navarra, el arzobispo bearnés Pierre Marca, historiador del siglo XVII, se apoya en los escritos de Isidorus Pacensis, Isidoro obispo de Pax Julia (hoy Beja, Badajoz). Principalmente en su “Crónica de 754”  escrita en latín y publicada por primera vez en Pamplona por el obispo Sandoval en 1615. Esta Crónica, escrita por un testigo ocular de la invasión musulmana, se refiere al período comprendido entre los años 610 y 754 y constituye una de las principales fuentes post-visigóticas de conocimiento histórico. Pierre Marca señala en su “Histoire de Béarn” que había consultado un manuscrito de la Crónica en la biblioteca del Collège de Navarre de París. Para el período comprendido entre los años 754 y 778, Pierre Marca se apoya en los escritos de Sebastián de Salemanque. A partir del año 778 Marca dispone ya de las crónicas carolingias que tratan del paso de Carlomagno a España.

Pierre Marca, apoyándose en el obispo Isidoro de Badajoz, opina que al menos hasta el año 754 el dominio musulmán fue total en la zona de los pirineos navarro-aragoneses, de modo que las capitulaciones llevadas a cabo en ese territorio habrían conducido al nombramiento por los musulmanes de “condes” de etnias locales, sin que pudiera pensarse que hasta ese año se hubieran establecido focos de resistencia a la autoridad del Islam en esos territorios pirenaicos.

Con la llegada de Carlomagno a Zaragoza y su vuelta por Roncesvalles tras derribar las murallas de Pamplona, opina Marca que no se trató de una incursión rápida o pasajera, sino que debió de constituir un verdadero ejercicio de autoridad con el nombramiento de “condes de la Marca” fieles a su autoridad en todo el territorio navarro-aragonés, de modo que constituyó una verdadera incorporación de esos territorios a su autoridad bajo una “Marca”. Y que a su vuelta a Francia, transformó en el Reyno de Aquitania  el ducado de Aquitania, el ducado de Gascuña y la Marca de España, nombrando rey a su hijo-niño Luis (Ludovico Pío, 778-740) que fue entonces ungido y coronado rey por el pontífice Adriano en Roma el año 780. Según Marca, de esta forma Navarra y Aragón habían entrado en el reino de Aquitania. Poco después habrían de salir de esa corona para volver a la órbita de Córdoba, retornando hacia el año 806 de nuevo a la órbita franca “in fide recepti sunt” (vueltos a la fe del Emperador).

Tras la segunda batalla de Roncesvalles (824) y el consiguiente abandono de la Marca de España por parte de los francos, los navarros habrían visto el momento propicio para escapar del dominio musulmán y del carolingio, un momento también propicio por la debilidad de Alfonso el Casto de Asturias. Según Pierre Marca, los navarros pensaron que sería más eficaz escoger un señor que mantuviera fuertes alianzas en Gascuña y poder así contar con aliados ultrapiranaicos en la formación del reino navarro. Eligieron a Eneco (Iñigo), conde de Bigorre y probablemente gobernador también de todos los territorios situados entre Bigorra y la ciudad de Huesca y otros en el pirineo navarro que también defendía contra las incursiones musulmanas. Pierre Marca estima que esta elección tuvo lugar el año 829. Y que el lugar de la elección fue el monasterio Victorián ( o San Beturián) en las montañas de Sobrarbe, a las faldas de Sierra Ferrera, considerado el primr monasterio de la Península Ibérica. Este monasterio sería más tarde refundado por Sancho III el Mayor de Navarra.

La existencia de la cruz de Iñigo Arista en el escudo de Aragón refuerza la tesis de Pierre Marca.

Pierre Marca opina también que el término “arista” tiene un origen gascón pues procede de “ariscat” que se aplica a quien es “déterminé, hasardeux et résolu à tout danger et à toute risque”, como quien dijera “Eneco le Hardi”, apelación que Enneo había recibido de los gascones. Según Marca en los manuscritos de la época se distinguía mal la “C” de la “T”, de donde Ariscat pudo haber pasado a Aristat.