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   Carlos Sánchez-Marco

 


5. Las hablas vascuence
    una herencia prerrománica


El vascuence es el único habla peninsular cuyo origen se remonta a la situación lingüística anterior a la llegada del latín. Decía Ramón Menéndez Pidal, en un discurso pronunciado en Bilbao el año 1921: “Tenéis la fortuna de que vuestro pueblo sea depositario de la reliquia mas venerable de la antigüedad hispana. Otras tendrán más valor artístico, serán más admiradas y codiciadas universalmente, pero no hay otra que tenga la importancia de esta lengua, sin cuyo estudio profundo jamás podrán ser revelados del todo los fundamentos y los primitivos derroteros de la civilización peninsular, ni podrá ésta ser esencialmente comprendida”.

Construir la historia de las hablas vascuence divide a los expertos, sigue generando controversia y parece poco probable que se llegue a un consenso. Historia y lengua vasca son elementos disociados hasta una etapa tardía de la cultura occidental, reconoce Jimeno Jurío.

¿Existió en algún tiempo una cultura común al ámbito pirenaico, resultado de una situación de cohesión social?. ¿Tienen rigor las hipótesis de un “vascocantabrismo”?, o ¿puede apoyarse la hipótesis de un “vascoiberismo”, en que un idioma progenitor del vascuence se habló en toda la Península?. O ¿deben apoyarse las hipótesis de los parentescos del vascuence con lenguas caucásicas, o más bien con lenguas africanas próximas al Mediterráneo?. Construir una historia del vascuence en las fases anteriores a su reciente documentación escrita, solamente a partir de la toponimia y la antroponimia, es un intento difícil que siempre quedará en borrador y que desgraciadamente se ha teñido de intereses partidistas para complacer ciertas tesis de cuño nacionalista.

En primer lugar, cuestión previa: ¿debemos decir “vasco” o “vascuence”?. ¿Lo debemos escribir con “v” o con “b”?.

El nacionalismo vasco ha sido incapaz de zanjar la cuestion sin caer en el ridículo. Si solicita de la Real Academia de la Lengua Vasca que justifique que “vasco” se deba escribir con “b”, la Real Academia deberá entonces cambiar los rótulos y logotipos que ha venido utilizando desde su fundación en octubre de 1919. Y el Partido Nacionalista Vasco, el PNV, deberá entonces escribirse PNB - como el Producto Nacional Bruto, me indicaba en 1992 mi compañero de estudios en Deusto, el vicelendakari José Javier García Egocheaga - y tanto la Real Academia como el PNV estarían diciéndonos que se habían equivocado durante más de 100 años usando la “v”. Así que como no se pudo zanjar sobre si es la “b” o la “v” la que debía usarse, la opción que adoptó el nacionalismo vasco es sencilla. Reacondicionar una palabra vascuence para hacerla de uso cotidiano actual (euskera, euskaldun, euskotren, euskaltelevista ...) y tratar de llevar hacia el desuso y el olvido social las antiquísimas palabras de origen romance “vasco”, “vascuence” o “vascongadas”, por estar “contaminadas” por la lengua española. Pero en todo ello es admirable lo bien que saben hacer las cosas los nacionalistas vascos. Este asunto no solamente no les ha hecho caer en el ridículo, sino que incluso han conseguido poco a poco, muy sutilmente, muy calladamente, que prácticamente toda la población - en las Vascongadas y fuera de ellas - adopte el nuevo vocabulario del “eusko” (51). 

Según Caro Baroja, los nativos siempre utilizaron “basquenz” o “vascuence” por influencia romance. Esta voz se considera descendiente del latín “vasconice”, adverbio de “vasconicus”. Mientras que el vocablo usado en el Fuero General de Navarra, “vascongado o bascongado”, viene de otro vocablo latino “vasconicatus”. Estas dos palabras “basquenz” y “bascongado” tienen un claro significado lingüístico, mientras que en tiempos anteriores la palabra “vascon” tenía un sentido étnico y gentilicio, no lingüístico. Es decir, sería lo más correcto, lo más acorde con la práctica tradicional del uso popular, decir: “he nacido en territorio vascongado”, “soy vasco” y “hablo vascuence”.

La cita más antigua de “vascon” es del poeta y político Silio Itálico (25-101 d.C.), por los naturales de la vasconia gala (wasconia > guasconia > gascuña). Derivado del anterior es “vasco” o natural del norte de los Pirineos. El Códice Calixtiniano sitúa a los “bascli” en la vertiente norte de los Pirineos, mientras que en la vertiente sur están los “navarri”. Desde entonces, como apunta Jimeno Jurío, el territorio vasco septentrional será “tierra de bascos”.

El término “euskera” designa la lengua vascuence y existen citas en documentos históricos, aunque el uso generalizado ha ocurrido recientemente con la introducción del “batúa” y la dificultad encontrada por el PNV para utilizar la palabra “basco” con “b”, como se ha dicho antes. La primera referencia documentada en que aparece este término en la historia es en la “variedad dialectal” roncalesa de “uskara”. Así, el geógrafo musulmán Al-Udrí del siglo XI, recoge en la zona de Huesca una tradición oral según la cual, hacia el año 797, Bahlul ibn Marzuq libró de un tirano a la ciudad de Huesca. Éste era hijo de Marzuq ibn Uskara.

Sin embargo para Tovar, la palabra “bascones” deriva del celta “barscunes”, con el significado de “los de los altos” - “los de las cimas” y, por extensión, “los orgullosos”.

Respecto al origen de las hablas vascuence se han indicado hipotéticos parentescos, sin llegar a ninguna solución irrebatible.

La hipótesis del “vascoiberismo” es solamente una hipótesis de trabajo que tuvo su auge y que algunos consideran rechazada. Fue popularizada por Wilhelm von Humboldt en su obra Prüfung der Untersuchungen über die Urbewohner Hispaniens vermittelst der Vaskischen Sprache (1821), quien es considerado padre de la teoría. Básicamente, la teoría afirmaba que el íbero era la lengua madre del vascuence.

Ya el geógrafo e historiador griego Estrabón (h. 63 – 19 a.C.) en el siglo I a.C., cuando todavía se hablaba íbero en la Península, afirmaba que los iberos y los aquitanos eran similares físicamente y que hablaban lenguas parecidas. Si bien se ha intentado discutir el alcance exacto del aserto de Estrabón, dado que en la actualidad se considera que el aquitano sería una forma antigua de vasco, puede considerarse a Estrabón como el primer vascoiberista conocido. En cualquier caso, pensar que un idioma único - llamémosle “progenitor del vascuence” - pudo hablarse en toda la Península ibérica, obligaría a estudiar la situación lingúística anterior al año 1.000 - 800 a.C., pues después de esa fecha existen razones probadas para saber que existieron en la Península otras lenguas. En el siglo I a.C. se hablaba un idioma libio en el extremo sur de España. En el valle del Guadalquivir se hablaba también fenicio. En el centro, oeste y noroeste se hablaban idiomas célticos varios siglos antes de la llegada de los romanos. Estrabón analiza inscripciones encontradas en el sur de España y nos dice que no se trata del mismo idioma que otros encontrados en la Península.

Opina Caro Baroja que es lícito pensar que en el norte se hablara una lengua difícil a oídos griegos y latinos. El geógrafo y escritor latino del siglo I d.C., Pomponio Mela, decía que era una lengua que no podía pronunciar, que pudiera ser la generadora de las hablas vascuence. Y que en la región pirenaica es donde se encuentran los vestigios más claros de que se habló un idioma parecido al vascuence.

No se puede apoyar la hipótesis “vascoiberista” solamente porque se han encontrado toponimias vascuences en toda la Península, porque también se han encontrado toponimias libias, fenicias y celtas en los mismos territorios. Caro Baroja llegó a ser muy criticado simplemente porque, con su siempre honradez intelectual, dijo que “no tenía ideas muy precisas en la cuestión del vasco-iberismo”. Se defendió diciendo: “hay personas que pretenden construir hipótesis claras manejando datos confusos, y hay otras que tienen ideas confusas manejando datos claros. No me considero ni de unas ni de otras. Creo que cuando los datos son claros las ideas pueden ser claras, y que cuando son confusos por fuerza también lo son nuestros pensamientos, si no somos excesivamente listos”.

Pocos se oponen a lo que opinó Caro Baroja, es decir que desde épocas remotas el vascuence se caracteriza por ser el habla de un pueblo colocado a caballo sobre las dos vertientes de la cordillera pirenaica. Y este pueblo, hasta la aparición de los celtas, dividido en varias tribus y gentilidades, tenía una forma de vivir característica. 

El vascuence puede ser de procedencia africana presentando significativas coincidencias con las lenguas camíticas (bereber, copto, nubio, cusita, sudanés y otras) según puso de manifiesto el más científico de los proponentes de esta hipótesis, Hugo Ernst Mario Schuchardt (1842-1927), aun cuando Caro Baroja advirtió que los fundamentos de esta hipótesis no están tan fundados como se pretende. Fue el filósofo Leibniz del siglo XVII uno de los primeros en defender esta hipótesis africana.

Dos artículos publicados en 1912 y 1913 contienen el punto de vista definitivo de Schuchardt, inspirándose en los trabajos de Leo Reinisch (1832-1919). En el primero relaciona el vascuence solamente con el nubio. En el segundo las relaciones se extienden al bereber, al egipcio y al copto, aunque también al nubio y a las lenguas semíticas. Encontró Schuchardt 154 palabras vascuence que podían relacionarse con lenguas africanas y asiáticas de diverso origen. Señaló además analogías de orden gramatical y fonético. Los estudios de Ernest Zyhlars rebajaron sin embargo considerablemente los razonamientos de Schuchardt, ya que demostró que muchas de las semejanzas entre las hablas vascuence y las lenguas africanas eran puramente casuales. Para apoyar su posición, presentó Zyhlars una lista de voces alemanas que también ostentaban semejanzas evidentes con las coptas.

Se han encontrado más de 40 paralelismos léxicos entre las hablas vascuence y el bereber o el copto. Con el nubio y el árabe hay más de 30 paralelismos. Le siguen el egipcio y el hebreo y a más distancia otras lenguas africanas (bilin, badauje, kunama de familia nilo-sahariana, etiópico y el asirio y otras). Caro Baroja señala que desde el punto de vista geográfico cuanto más nos acercamos al mar Mediterráneo - a la zona de las grandes culturas protohistóricas e históricas - hay mayores semejanzas léxicas.

En el siglo XII de nuestra era se registra en vascuence el nombre de Dios, Urcia, semejante al nombre que utilizan los bereberes para denominar a su divinidad suprema, Gurzil. Se trata del primer paralelismo que señaló Schuchartd. Corteza en vascuence, azal, y en somalí, asal. Zorro en vascuence, azeri/asari y en libio antiguo y copto, bassária/basar. Macho cabrío en vascuence, ak(h)er y en bereber, ankuar. Cordero en vascuence, umerri y en asirio, imeru y en árabe, immar. Señor en vascuence, nagusi, y en etíope, negus, o en hebreo, nogés. Ciudad en vascuence (h)iri/uri, y en hebreo ´ir (en sumerio uru/eri). Nuevo en vascuence, berri/barri, y en copto, bere/berre/berri.

Posiblemente estas semejanzas léxicas denoten ciertos paralelismos culturales, más que probar una antigua unidad lingüística. En este sentido, Caro Baroja pone un ejemplo. Iliberris, ciudad nueva, en vascuence. Si en hebreo existe ´ir (ciudad) y en sumerio, uru/eri, se pueden poner las correspondientes palabras en vascuence (iri/uri/berri) en relación con el complejo cultural mediterráneo en el que florecen los estados con grandes ciudades, sin pretender probar por ello la existencia de una antigua unidad lingüística. Por ello opina Caro Baroja que las coincidencias entre el léxico vasco y el africano u otros no pueden ser tenidas en cuenta más que desde un punto de vista cultural y pueden no denotar parentescos en sus respectivos sustratos lingüísticos.

Otros sostienen que hay comunidad de origen entre las hablas vascuence y las lenguas del Cáucaso y los Urales. Caro Baroja piensa que esta es una hipótesis más “prudente” pues se basa en observaciones de orden lingüístico, morfológico y además la antropología física (52) apoya la idea de una relación del actual tipo vasco con tipos urálicos y caucásicos.

Las pruebas mas importantes de este paralelismo de lenguas fueron aportadas en 1925 por el académico italiano y profesor de filología Alfredo Trombetti (1866-1929) en su conocido ensayo sobre los orígenes de la lengua vasca, apoyándose en las investigaciones de Schuchardt. Sus precursores en el siglo XIX fueron Hervás, Humboldt, A. d’Abbadie y el padre Fita pero carecieron de las pruebas aportadas por Trombetti. La hipótesis del paralelismo entre el vascuence y las lenguas caucásicas y urálicas queda establecida más tarde cuando el lexicógrafo y filólogo holandés y profesor de la Universidad de Leyden C.C. Uhlenbeck (1866-1950), publica su estudio sobre la materia. Desde entonces, muchos otros estudiosos se interesan en el tema (Adolf Dirr, Karl Bouda, etc.). Son los investigadores rusos los que establecen un mapa lingüístico del Cáucaso que comprende más de 300 hablas caucásicas, aunque en los tiempos actuales se citan tres grandes grupos:

· el caucásico del noroeste, con 4 idiomas fundamentales
· el caucásico del nordeste, con 5 subgrupos y 29 idiomas, y
· el caucásico meridional, con 4 idiomas, entre ellos el georgiano
    que es el que da más cantidad de analogías con las hablas
    vascuence.

Los investigadores han establecido una serie de “tablas” que contienen las correspondencias, o comparaciones léxicas, de orden gramatical entre las hablas vascuence y las caucásicas, como existen también para las correspondencias con las lenguas “camíticosemítico”. Caro Baroja encuentra que lo más interesante de estas correspondencias son los aspectos histórico-culturales. Existen correspondencias, entre otros, en los conceptos: fuego, nuez, manzana, abedul, perro, asno, vaca, macho cabrío, verraco, manteca, medida, harina, carro, ciudad, o castillo. Y opina que si el caucásico y el vascuence son parientes, la separación no pudo efectuarse ni antes ni después de la edad del bronce. El carro por ej. debió de ser introducido en España y generalizado su uso por entonces y el tipo de rueda vasca es parecido al de la rueda caucásica. Pero opina que no es posible señalar una conexión de estos hechos con lo que revela la arqueología y le parece imposible aceptar que la separación hubiera podido ocurrir después de la edad del bronce.

En cualquier caso, es interesante pensar en dos alternativas que los investigadores se han planteado para explicar el contexto histórico del posible contacto que hubiera podido existir entre los pueblos vascos y caucásicos: ¿existió una emigración poblacional desde el Caucaso al occidente europeo recorriendo áreas culturales y lingüísticas distintas?, o por el contrario, ¿existió cierta gran familia desde el Cáucaso al Pirineo - en época anterior a las grandes expansiones indoeuropeas - a la que pertenecían como últimos vestigios unos pobladores del Pirineo y otros en el Cáucaso adheridos a la tierra conservadora de las montañas?. La opinión más corriente entre los investigadores es la segunda.

Diversos estudios más recientes consideran la existencia, no de una lengua ibera uniformada, sino de múltiples lenguas iberas utilizadas en núcleos dispersos por toda la Península, de las que las hablas vascuence serían unas de ellas. Y también hay teorías conciliadoras: pariente de las caucásicas en su origen y estructura primaria, incorporando después numerosos e importantes elementos camíticos tomados de lenguas ibéricas, acogiendo finalmente, tras recibir influencias indoeuropeas célticas y precélticas, abundantísimos latinismos y voces románicas.

Numerosas hipótesis se entrecruzan. El lingüísta holandés Uhlenbeck por ejemplo cambió varias veces su pensamiento, siempre estudiando el parentesco del vascuence con lenguas caucásicas. En un cierto momento llegó a pensar que la base fundamental del vascuence habría que buscarla en un antiguo dialecto del Pirineo occidental relacionado con desaparecidos idiomas del sur de Europa y con los del Cáucaso en varios aspectos. Según este lingüísta, este dialecto estaba en cierta relación con el “ibérico”, venido del norte de África, lo cual explicaría las semejanzas que había señalado Schuchardt entre la declinación vasca y la ibérica, así como los múltiples elementos del vocabulario vasco coincidentes con los idiomas del África septentrional. Los primeros elementos indogermánicos presentes en el vascuence fueron algunas palabras célticas aisladas, entrando después, en la época romana, una considerable cantidad de elementos latinos.

Incluso ha habido quien pensara que el vascuence es una lengua romance formada en los comienzos de la Edad Media, apoyándose para ello en una observación del vocabulario vasco de los diccionarios. Es tal la penetración de elementos latinos en el vascuence que se llegó a forzar esta interpretación, que tiene poco en cuenta la fonética, la semántica y la propia historia. Y en ello la Iglesia Católica fue un elemento fundamental que explica el aporte latino en las hablas vascuence. El pueblo vasco fue de los últimos en abrazar el cristianismo, pero lo abrazó con ahínco. El ámbito religioso ha sido históricamente un elemento clave para el mantenimiento de uso del vascuence desde la Edad Media, y recientemente para la recuperación del vascuence e introducción del batúa (53). Es interesante observar que el vascuence, rodeado de lenguas indoeuropeas por todas partes, queda a una distancia considerable geográficamente de las africanas, a otra aún mayor de las caucásicas y a otra, históricamente infranqueable, de las americanas, con las que también ofrece analogías curiosas en aspectos fundamentales de su estructura. O sea que, a primera vista, hay una falta de relación entre la proximidad geográfica y la lingüística.

Tanta hipótesis nos hace pensar en lo que dijo Caro Baroja “estoy confuso”. Pongamos como final alguna idea conciliadora objetiva. Los elementos del vascuence que mejor pueden ser comparados con los de otras lenguas son, siempre a juicio de Caro Baroja:

· en vocabulario: con el indoeuropeo de diversas cepas, el africano
    y también el caucásico. Basar los parentescos lingüísticos
    solamente en base a semejanzas de vocabulario conduce a
    poco.
 
· en derivación y composición nominal: con la indoeuropea.

· en declinación: con las lenguas africanas del que en un tiempo se
    llamó grupo camítico y la caucásica (54)

· en flexión: con la caucásica y con ciertas lenguas de América del
    Norte.

Y ya mucho más tarde, en la época romana, mientras el resto de la Península acepta el latín como lengua propia, relegando poco a poco sus idiomas primitivos, la región vascona del pirineo navarro-aragonés conserva sus hablas antiguas, aunque no por eso permanece al margen de la civilización que traen los romanos. La asimiló en gran parte y el enorme caudal de voces latinas que incorporan, transformándolas hasta adaptarlas a sus peculiares estructuras, es la mejor prueba del influjo cultural romano.

Fonéticamente hay mucha más cercanía con las lenguas románicas, de manera especial con el español vía romance castellano, ya que éste tuvo en su origen contacto directo con una lengua probablemente emparentada con el vascuence y coinciden en rasgos básicos, como puede ser el vocalismo claro de únicamente 5 fonemas repartidos en tres grados de apertura.

Hasta el siglo XVI no poseen las hablas vascuence textos extensos y sólo en época muy reciente ha recibido cultivo literario escrito. Se trata de un habla rústica - o “vulgar” en términos lingüísticos - que no encuentra lugar en la escritura hasta 1545 en que el navarro-francés Bernat Dechepare publica el primer libro en vascuence (con título en latín “Linguae Vasconum Primitiae”). Una literatura religiosa no aparece hasta el siglo XVIII (56). Hasta muy recientemente se nos ha ofrecido como un idioma que mantenía su peculiarísima estructura, pero sometida a secular e intensa influencia léxica del latín y del romance y fraccionada en multitud de dialectos, o más bien variantes dialectales, que prácticamente han desaparecido con la imposición oficial del “batua”.

Jimeno Jurío pensaba que frente a las lenguas cultas (latín, árabe, occitano, gascón, francés, castellano), utilizadas oficialmente por la Iglesia, la Corte y la Administración, el vascuence fue lengua vulgar, propia del pueblo que trabajaba las tierras, cuidaba el ganado y designaba casas, montes, pastizales y cultivos en su propia lengua, la única que conocía. Jimeno Jurío opinaba así que la toponimia era por lo tanto la expresión de la cultura y de la lengua del pueblo vasco (55), confirmando así la no disponibilidad del vascuence para otras comunicaciones escritas de mayor trascendencia social y cultural.


Si el latín, en los 22 siglos que han transcurrido desde su implantación en Hispania, ha evolucionado de forma importante hasta convertirse en nuestra lengua actual, la transformación del vascuence a lo largo de sus 4 ó 5 milenios de probable existencia tiene que haber sido incomparablemente mayor (57), ya que su evolución ha debido ser mucho más libre al faltar un referente escrito y basarse únicamente en manifestaciones orales.

 

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