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   Carlos Sánchez-Marco

 


21. La lengua en Navarra a finales del siglo XX

          a. Interferencia normativa en la lengua en Navarra       
                   un caso de involución lingüística con “furto o maña”
              b. Toponimia

                                                           anexo.-  Textos legales

 

Interferencia normativa en la lengua en Navarra
un caso de involución lingüística con  "furto o maña"

Desde la aprobación en 1982 de la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra y en 1986 de la Ley del Vascuence, la lengua en Navarra ha dejado de evolucionar como instrumento social de comunicación, para hacerlo por motivos de orden extralingüístico como instrumento de acción política, con un resultado que aporta elementos disgregadores de tensión social entre navarros. (e11). Esta evolución lingüística ha sido "guiada" por ley, decreto y orden en una flagrante sobreactuación de los poderes públicos, apartándose de una constante tradición histórica en que las lenguas y las culturas implantadas en el territorio navarro estuvieron sujetas a "influencias involuntarias" entre ellas en el seno de la sociedad civil y a situaciones reales históricas, lo que conformó ese "crisol" espontáneo y abierto de culturas que es Navarra.

Desde entonces se está acomodando contra natura lo social a lo político - no al revés como se debería proveer - subordinándose la evolución y convivencia social a la conveniencia y pacto político.

Los nacionalismos vascos no pueden llevar a cabo su proyecto independentista sin incorporar a Navarra. No se trata tanto de una búsqueda de mayor extensión territorial-poblacional y beneficio económico, sino esencialmente de un imperativo para adornarse con una casulla de respectabilidad histórica que ofrece Navarra y obtener legitimidad histórica en el mundo académico internacional. La integración de Navarra al proyecto independentista vasco es un requisito indispensable para la verosimilitud de los objetivos nacionalistas. Navarra fue un reino milenario - políticamente independiente - no así las provincias Vascongadas que buscaron en la protección de Castilla un buen arreglo o acomodo para alejar las pretensiones anexionistas de Francia. Con Navarra, el proyecto independentista vasco podrá dejar de llamarse “Euskal Herria” - o según otros “Euzkadi” - para escudarse en la denominación tergiversada, de tinte histórico, “Reino Vascón de Navarra”.

Y para conseguirlo, la estrategia política pasa primordialmente por otorgar protagonismo al irrenunciable, malicioso y táctico “nacionalismo lingüístico”, que busca implantar la enseñanza en vascuence (no del vascuence) y extender el “batúa” a toda Navarra, con el objetivo político de obtener adeptos electorales. Se trata de una estrategia claramente política, aunque disfrazada de acción cultural, de respeto a una lengua ancestral, aunque rehecha en versión unificada de “batúa” en detrimento de las tradicionales hablas dialectales vascuence, que van desapareciendo por la implantación misma del “batúa”. Y ello a pesar de que el artículo 1-3 de la Ley del Vascuence de 1986 estipula que “las variedades dialectales del vascuence en Navarra serán objeto de especial respeto y protección”, lo que se ha incumplido abiertamente tanto por el PSN como por UPN.

Conviene recordar que el latín, y luego las lenguas romance que de aquél se derivaron de forma autóctona en diversas regiones hispánicas - y entre ellas el romance navarro - tuvieron el doble activo de ofrecer al pueblo versiones culta y vulgar. Fueron, como el vascuence, "linguae rustica" y además - y no así las hablas vascas - vehículos constantemente perfeccionados de transmisión escrita de cultura con fuerte proyección de universalidad, como es el caso de la lengua española. Históricamente las hablas vascuence estuvieron fraccionadas en variedades dialectales con problemas de comprensión entre sí. Desde antiguo, la ausencia de una lengua literaria común, normalizada, hasta la reciente creación del “batúa”, propició la divergencia de las hablas y ello explica el hecho de que, históricamente, estas hablas no hubieran llegado a capacitarse para convertirse en lengua escrita transmisora de cultura. La Real Academia de la Lengua Vasca (e12), acordó en 1968 normalizar y fijar la lengua en una nueva versión de síntesis conocida como el "batúa" - sin tradición histórica -, vasco normativo para las actividades públicas y la enseñanza, en un intento de frenar la evolución decadente y retroceso de las hablas vascas, potenciando por primera vez en la historia al nuevo vascuence para convertirlo en vehículo transmisor de cultura escrita. Una capacidad ésta que las hablas vascuence nunca habían desarrollado a través de la historia y cuyo hecho explica, por encima de cualquier otra razón u opresión externa, su inexorable y contínua decadencia histórica.

Toda lengua es en sí misma un elemento cultural de primer orden. Si bien la lengua no debe ser objeto de “políticas lingüísticas” - como tampoco la Historia, aunque desgraciadamente también acabará siendo objeto de “políticas históricas” - la lengua en Navarra conlleva indudables contenidos políticos que trascienden perversamente lo meramente cultural. La “política lingüística” - el nacionalismo lingüístico - se ha convertido en el principal e indispensable instrumento de acción política y proselitismo de las tesis nacionalistas-separatistas vascas. Los partidos nacionalistas vascos han instrumentalizado el apoyo decidido e ingenuo que los gobiernos de PSN y de UPN otorgaron desde la Transición a la recuperación del vascuence en la sociedad navarra, para acabar creando una desarmonía comunicativa entre los ciudadanos de Navarra, al punto de alumbrar una dañina confusión sobre la personalidad histórica de la Comunidad Foral.

Cuando se explica irresponsablemente desde el Parlamento de Navarra que sus medidas adoptadas en favor de la extensión del vascuence desde 1982 tratan de reponer en la sociedad el uso ancestral que siempre había tenido el vascuence en la historia, no se dice la verdad. El vascuence fue solamente “un habla” sin llegar a tener la categoría de “lengua” o “idioma” apto para la comunicación social escrita transmisora de cultura. Ese papel fue reservado por la historia al latín culto, a las diversas lenguas romance surgidas en Navarra en la Edad Media y posteriormente - desde el siglo XVI - a la lengua española que tanto debe a su “vector navarro” desde que irradió a todos los reinos cristianos peninsulares desde San Millán de la Cogolla en el siglo X. No hubo pues un "uso ancestral" del vascuence en la tarea de transmitir cultura escrita en Navarra, por lo que no se puede aducir que se deba "reponer en la sociedad" por razón de un inexistente uso ancestral.

Los principios de apoyo al vascuence formulados en 1982 y 1986 en Navarra por las citadas leyes, han sido desbordados por los intentos del nacionalismo vasco de extender ilimitadamente la recuperación del vascuence-batúa hasta conseguir una zona única vascófona en todo Navarra. La sociedad navarra que había dado apoyo y protección al vascuence, incluso antes de la transición, ve ahora extralimitaciones políticas hasta el punto de observar con cierta indignación cómo se intenta colocar al vascuence en situación de privilegio, en contra de la tradición, como único referente de la identidad histórica de Navarra (e13).

Con la Ley del Vascuence de 1986 y decretos posteriores se está tratando de euskaldunizar al funcionariado, alcanzado el vascuence un nuevo ámbito de uso al introducirse en la Administración, donde históricamente nunca pudo estar presente por su incapacidad comunicativa escrita. La aplicación del principio de preceptividad del conocimiento del vascuence-batúa y los criterios abusivamente aplicados de valoración de esta lengua como mérito para la provisión de puestos de trabajo en las Administraciones Públicas y, en general, el uso del vascuence en éstas, son materias de fundamental importancia por su repercusión en el ámbito cultural y de imagen externa fuera de la Comunidad Foral.

El principio inicial de fomento de la “enseñanza del vascuence” que propugnaba la Ley Orgánica de Amejoramiento de 1982 (e14) fue pervertido al ampliar en 1986 la Ley del Vascuence el apoyo a la “enseñanza en vascuence”. La distancia entre ambos conceptos es abismal. Lo que en 1982 trató de ser un apoyo a la enseñanza del vascuence, desde 1986 se ha convertido en el derecho a obtener una enseñanza en vascuence. Ni el Partido Socialista de Navarra ni Unión del Pueblo Navarro han puesto coto a una abusiva euskaldunización cultural y preeminencia en Navarra de su elemento histórico vascónico, por lo que detener la instrumentalización política y partidista del fomento del vascuence - en contra de la tradición navarra - deberá constituir un objetivo de primer orden en la sociedad navarra si ésta quiere respetar su cultura histórica. Que el retroceso histórico de las hablas vascuence y su toponimia pueda ser actualmente corregido radicalmente y autoritariamente por vía legislativa y gubernamental, sin que se haya ésto previsto en la Ley Orgánica de Amejoramiento de 1982, es a todas luces un fraude legislativo llevado a cabo “con furto o maña”, que atenta además a las tradiciones y costumbres que vigila nuestro Fuero.

Los estudios sociolinguísticos llevados a cabo en las Vascongadas (e15) indican que el nivel de expresión oral en vascuence en el conjunto de las provincias de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa era en 1983 el siguiente:

  • bien: 21,04%
  • Vizcaya: 14,54%
  • Álava: 3,80%
  • Guipúzcoa: 38,55%

      • algo: 11,62%
      • Vizcaya: 10,62%
      • Álava: 7,65%
      • Guipúzcoa: 14,80%

          • nada: 67,35%
          • Vizcaya: 74,84%
          • Álava: 88,54%
          • Guipúzcoa: 46,65%


Estos porcentajes estaban referidos a “capacidad de expresión oral” y no a “uso real”, el cual se considera aproximadamente un 50% inferior a aquél. Si los porcentajes hubieran estado referidos a capacidad de “comprensión y expresión escritas”, serían todavía notablemente inferiores.

Hacia finales de la década de 1990, el 30% del conjunto de alumnos de la «zona mixta» de Navarra estudiaban en vascuence el bachillerato, porcentaje más elevado que el porcentaje general de vascoparlantes en Navarra. Ello se debe a los decretos del gobierno de Navarra promoviendo la utilización del vascuence en la Administración y otorgando puntos de mérito en los concursos a los candidatos de habla vascuence, algo que ha influído de manera importante en las decisiones de escolarización de los padres para con sus hijos, creyendo que de esta manera mejorarán las posibilidades de colocación de sus hijos en la Administracion.

En el curso académico 2000-2001 los datos de matriculación de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), según refiere el IKEI (Ikerketarako Euskal Institutua) son los siguientes:

  • el 4,5 % del alumnado optó por cursar alguna de las 156 asignaturas impartidas en vascuence.
  • el 76,5% de alumnos con plena competencia en vascuence no se había matriculado en ninguna asignatura en vascuence
  • dejaron de impartirse 16 asignaturas en vascuence por no completarse el número mínimo de alumnos requerido
  • de las 156 asignaturas que se impartieron, 143 pertenecía a las diplomaturas de Magisterio y 13 en las restantes titulaciones (IT agrícola, Economía, LADE, Empresariales, IT eléctrica e I. agrónomo).


Actualmente, los credos nacionalistas-separatistas vascos ponen menor énfasis que en el pasado en los aspectos de "raza", “sangre”, "historia" o "voluntad común y cohesión social" como caracteres fisiológicos, sociales o morales para conformar los requisitos y atributos de una "nación". Siendo evidente que actualmente concentran su estrategia en un nacionalismo lingüístico, en conseguir "una lengua común y ancestral" que presentan como perversamente perseguida en la historia - otro victimismo nacionalista - y que, en democracia, merece por derecho histórico ser colocada de nuevo en el centro de gravedad de la sociedad. Esta tesis - que no responde a una verdad histórica como se ha argumentado anteriormente -, apoyada por la violencia de ETA, ha calado hondo en la sociedad navarra, incluso en amplios sectores no nacionalistas. Aunque la realidad histórica no avala esa tesis, PSN y UPN no se han impuesto la obligación de hacerla conocer en su justa medida, antes bien han permitido un desarrollo vía decreto de la Ley de Vascuence de 1986 que complace y abre el apetito del “nacionalismo lingüístico”.

La Ley del Vascuence de 1986 - respetando el citado artículo 9 de la Ley Orgánica de Amejoramiento de 1982 - proclama entre sus objetivos (art. 1-2 c) “Garantizar el uso y la enseñanza del vascuence”. Sin embargo, subrepticiamente, de manera disimulada, avanzada la lectura de esta Ley, llegado al artículo 19 (y no antes, como para esconder o hacer pasar desapercibida esta “garantía”) se dice que: “Todos los ciudadanos tienen derecho a recibir la enseñanza en vascuence y en castellano en los diversos niveles educativos, en los términos establecidos en los capítulos siguientes”. Y si bien una cosa es apoyar la enseñanza del vascuence, otra muy distinta es garantizar la enseñanza en vascuence. Una cosa es aprender el vascuence-batúa en la escuela y otra muy distinta es aprender en la escuela y en la universidad todas las asignaturas en vascuence: matemáticas, filosofía, o medicina … . De apoyar el conocimiento del vascuence se ha pasado por lo tanto a “crear un derecho” a recibir la enseñanza en vascuence, algo no previsto por los redactores de la Ley de Amejoramiento, de rango superior a la Ley del Vascuence. En el artículo 20 de la misma Ley del Vascuence se dice confusamente (e16) que “El Gobierno de Navarra regulará la incorporación del vascuence a los planes de enseñanza “, lo que se ha interpretado abusivamente como la incorporación de planes de enseñanza en vascuence. Y conforme se avanza en la lectura de la Ley de 1986, se va consolidando - poco a poco, en artículos alejados de la lista inicial de objetivos - un derecho de los ciudadanos a recibir la enseñanza en vascuence. Así el artículo 24-1: “Todos los alumnos ((en la zona vascófona)) recibirán la enseñanza en la lengua oficial que elija la persona que tenga atribuida la patria potestad o tutela o, en su caso, el propio alumno”.

Esta manera subrepticia de hacer las cosas, de legislar para el pueblo navarro sin ética social, con disimulo, con cierta ambigüedad y permisividad interpretativa, puede muy bien denominarse - en terminología muy navarra de principios del siglo XVI - una acción de “furto o maña lingüística” (e17). Y ello ha sido la causa directa y fundamental del enfrentamiento lingüístico que se está larvando en Navarra, animado por los nacionalismos vascos con la necesaria complicidad de los demás partidos políticos (e18).

Con la creación de una Dirección General de Política Lingüística en el seno del gobierno de Navarra, se adoptan criterios de la vecina Comunidad Autónoma Vasca, confirmados más tarde en el Plan General de Promoción del Uso del Euskera de 1999, del Gobierno Vasco, principalmente el criterio de “discriminación positiva” en favor del vascuence, también aplicado en Navarra: “los hablantes de vascuence, por ser minoritarios y arrastrar una larga y triste historia de dificultades, merecen un impulso especial para poder desarrollar sus derechos lingüísticos en condiciones cada vez más equitativas. (…) No se puede aplicar una misma política lingüística a lenguas que se encuentran en situaciones diferentes, si el objetivo consiste en contrarrestar el desequilibrio existente entre ellas. Abandonarlas a su suerte, dajarlas tal como están, aumenta la diferencia entre las lenguas, en detrimento de la más débil y menos extendida (e19). Por tanto, la política lingüística ha de ayudar a la lengua más débil y de ámbito más restringido, sin vulnerar los derechos básicos de los ciudadanos”. Solo puede colegirse que gobiernos de UPN han aceptado - en contra de los principios programáticos del partido y de la realidad histórica y de su evolución lingüístcia - tal objetivo de corrección de desequilibrio lingüístico en favor del vascuence por medio de la citada “discriminación positiva”.

Se ha dicho anteriormente que la lengua no fué en la historia de Navarra elemento uniformador, no creó nacionalidad y no fué expresión de raza. Ni mucho menos fue elemento discriminador. Por el contrario, la historia de Navarra es un ejemplo vivo de mestizaje, de variedad en todas sus manifestaciones: étnica, lingüística, económica, costumbres, jurídica y no en menor grado, temperamental. Como apunta Jimeno Jurío: "el vascuence no constituyó uno de los elementos esenciales y definidores de la personalidad de Navarra a lo largo de la Historia". El principio fundamental que debe pues guiar cualquier política que condicione o interfiera en la evolución natural comunicativa de la lengua en Navarra deberá ser preservar el factor "crisol" o mestizaje de lenguas y culturas que caracterizó de forma tan original, espontánea y no excluyente la historia de Navarra. Dicho de otro modo, las políticas lingüísticas del legislativo y/o del ejecutivo navarros deben acomodarse a la tradición lingüística que se ha forjado en la Historia, sin que se pueda hacer - invocando de forma falsa precísamente esa “tradición” - radicales reformas según un principio de “discriminación positiva” en favor del vascuence. Y menos aún de un vascuence en modalidad escrita - hoy el novedoso batúa aniquilador de las variedades dialectales navarras - que no existió en la historia como medio de comunicación social en Navarra o en las provincias Vascongadas.

Sería contradictorio y no conforme con la razón y el orden social, llevar a cabo una “discriminación positiva” para reponer en la sociedad un uso lingüístico - el vascuence escrito - que no se manifestó en la historia de Navarra como medio de comunicación social. Sería como querer reponer una tradición que no existió, utilizando como argumento el hecho de que hay que reponer las tradiciones.

Ante esta incongruencia lingüística, se debe apoyar una filosofía, una actitud, en que los gobiernos forales pudieran ser vistos por la ciudadanía más como árbitros o protectores de todas las lenguas y culturas - cada una en su respectivo ámbito según su realidad histórica -, que como conductores determinantes de una política lingüística de “diktat” por ley, decreto y orden foral, como ha ocurrido desde 1982 con una flagrante sobreactuación de los poderes públicos en esta materia. Quizá en esta actitud, menos conductora y más neutral, más arbitral - sin imposiciones parlamentarias y gubernamentales de “ordeno y mando” - aceptando la influencia natural, involuntaria y espontánea entre las lenguas, aceptando también el papel que la historia asignó evolutivamente a cada lengua, esté la clave para alcanzar un amplio consenso en materia lingüística en la sociedad navarra.

Los principios que deben inspirar esta filosofía son:

  • aceptar la realidad histórica del carácter mayoritario y de uso prioritario cultural escrito de la lengua española y del minoritario y de uso restringido no cultural y en medio rural, de comunicación oral, del vascuence en todo el territorio de Navarra, según la costumbre inveterada de la realidad social y de la evolución histórica de la misma.
     
  • otorgar el carácter de lengua de uso en la Administración a una sola lengua, la de mayor difusión y mayor comprensión entre la población, la de más larga tradición popular como medio de comunicación escrito, en la situación actual, la lengua española.
  • ayudar a despertar y cultivar el interés por conocer el pasado histórico de cualquier habla, dialecto o lengua autóctona, sea de origen vascónico o romance latino, rechazando "proyecciones míticas de la leyenda" en el origen de las lenguas y apoyando simplemente su utilización presente como medio de comunicación social. 
  • apoyar la enseñanza pública y privada de todas las lenguas y llevar a cabo la enseñanza oficial en la lengua de mayor tradición histórica de uso escrito  - a la sazón la lengua española - apoyando no obastante cualquier iniciativa privada que pudiera manifestarse para impartir la enseñanza en vascuence.          
     
  • defender la convivencia social entre cualquier habla y lengua, oponiéndose a que una lengua de nueva refundición como el "batúa" anule la raigrambre de los dialectos vascuence navarros, contribuyendo a que éstos puedan salir de su incomunicación cultural (e110).
  • rechazar la utilización del vascuence en Navarra con fines de proselitismo del “nacionalismo lingüístico vasco”, afirmando su utilización únicamente como medio de comunicación y entendimiento social.  
  • fomentar que la esencia histórica de Navarra no es la lengua - en cualquiera de sus manifestaciones - sino una historia de Reyno en común de todos sus territorios y habitantes, la foralidad, la autonomía política y su contribución a la formación y cohesión de España, propiciando que los vascoparlantes "sean y se sientan" igualmente navarros expresándose a su gusto en vascuence o en español.        

 

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