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Pamplona Carlos III el Noble y Leonor de Castilla
A partir de la restauración de la monarquía navarra en 1134 la Catedral se convierte en panteón habitual de los soberanos navarros. Carlos III quiso ser enterrado en la catedral: “nos esleymos nuestra sepultura en la iglessia cathedral de Pomplona El sepulcro de Carlos III el Noble y de Leonor de Castilla fue probablemente realizado por el flamenco Johan Le Home (Lome) de Tournay con la ayuda de otros escultores franceses. Los trabajos debieron de iniciarse hacia el año 1413. El alabastro fue traído de Sástago en Aragón. El sepulcro debió de estar terminado el año 1419 en vida del Rey, fallecida la Reina. Es la obra cumbre de la escultura gótica en Navarra.
El detallismo y realismo de las esculturas denotan la gran maestría del escultor apreciándose el nivel de calidad borgoñón y franco-flamenco de los panteones regios de Saint-Denis
el infante Carlos Príncipe de Viana traía en su escudo por divisa dos lebreles que reñían entre sí por un hueso, lo que representaba la porfía que los reyes de Francia y Castilla tenían por el Reyno de Navarra. “ utrinque roditur” “por todas partes me roen”
En ambos epitafios el Rey aparece como Karlos IIII. Algunos historiadores opinan que ello pudo deberse a que se otorgara a Carlomagno, citado en el epitafio como santo, la titulación de Carlos I. Fue el antipapa Pascual III el que - a instancias de Federico Barbaroja - inscribió a Carlomagno en el catálogo de los Santos. Las fechas son erróneas y esto permite pensar que quien esculpió los epitafios no fuera un contemporáneo del autor del sepulcro. No se puede saber si el año de 1416 mencionado en el epitafio es de cómputo de la Encarnación (en cuyo caso sería 1417 del Nacimiento) o de cómputo del Nacimiento. Pero en cualquiera de estos dos casos, la fecha no sería exacta. Existen documentos que permiten asegurar que la reina Leonor falleció el 27 de febrero de 1415 y no el 5 de marzo de 1416. Un antiguo libro del Ayuntamiento de Olite dice: “El año del nascimiento del Señor mil quatrocientos y quince, “la Reyna nuestra compaynera a qui Dios aya” |
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