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ermita San Zoilo

Cáseda


En la visita que San Eulogio de Córdoba hizo a los monasterios pirenaicos en el año 844, prometió al obispo Willesindo de Pamplona hacerle llegar una reliquia de San Zoilo al que tanta devoción tenían los de Cáseda. Siete años después, el obispo recibió las reliquias de Córdoba y se dice que entonces se levantó un templo para feliz memoria del Santo.

La leyenda atribuye a este obispo la construcción de una ermita en una zona deshabitada junto al antiguo camino que unía Tudela con Sangüesa, el monasterio de Leyre y las Cinco Villas.

Por donde pasaban los roncaleses para llevar su transhumancia a las Bardenas Reales.

La ermita está situada en el camino que llevó Abderraman III desde Carcastillo a la zona de Sangüesa-Rocaforte en la famosa expedición de castigo del año 924.

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muro frontal de la cabecera

portada gótica

cabecera gótica pentagonal


ermita San Zoilo
Cáseda

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Construcción gótica del segundo cuarto del siglo XIV por iniciativa del obispo de Pamplona Arnalt de Barbazán (1318-1355), a quien también se debe la construcción del claustro de la Catedral.

Este portal de la Bardena está al pie de una traviesa de las cañadas de los Salacencos y Roncaleses y es paso para quienes, desde el norte, van desde el Monasterio de Leyre al de la Oliva por esta carretera secundaria. Era el camino de Tudela o de las Cinco Villas a Sangüesa.

Presenta planta de amplia nave única de cuatro tramos y cabecera pentagonal más estrecha, según un tipología gótica que se repite en otros lugares de Navarra como Santa María de Olite, San Saturnino de Artajona o Santa María del Popolo de San Martín de Unx. Las cubiertas de la nave consisten en sencillas bóvedas de nervios cuatripartitas separadas por arcos fajones. La cabecera se cubre con una bóveda de paños de seis nervios moldurados. El coro de madera se sitúa en el tramo de los pies de la nave.

Al exterior, muros de sillar bien escuadrado con contrafuertes laterales marcando los tramos. La portada se sitúa bajo una moldura triangular a manera de frontón en cuyo vértice hay un gallo con las armas de la dinastía entonces reinante Navarra-Evreux, por Blanca I (1385-1425-1441). La portada es abocinada y de arco de medio punto, con ocho baquetones más guardalluvia exterior. Entre las ocho arquivoltas, cinco claves con escudos y motivos esculpidos. Los capiteles y el tímpano llevan iconografía con variados motivos. En la fachada, aparece representado el gallo con las armas de los Evreux, situado sobre el escudo del obispo Barbazán y entre el de Pedro de Olloqui, hospitalero de la Catedral. También figuran, según Liquiniano, los escudos de Aragón y Navarra - éste último representado en un caballero del friso- que pueden hacer alusión a la Hermandad "de ambos reynos instituida para limpiar aquellos bosques de Las Bardenas de salteadores", según dice P. Moret. Como cubrición se utilizan lajas de piedra.

Preside el templo un retablo barroco del primer tercio del siglo XVIII, cuyo titular San Zoilo - custodiado en la iglesia de Santa María de Cáseda - está representado en una talla barroca popular de la época del retablo y al que se representa semidesnudo y atado a la columna. En los muros de la cabecera se aprecian pinturas murales muy perdidas, dieciochescas, de la época del retablo que representan diferentes escenas de la vida del santo. Los retablos de Santiago Matamoros y Santa Lucía eran de principios del siglo XVIII y fueron robados al principio de la década de 1980. El ábside fue policromado en el siglo XVIII con pinturas floreadas y escenas del santo, que no se conservan.

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Anteriormente a la construcción del templo gótico habría existido una ermita.

En la visita que San Eulogio de Córdoba hizo a los monasterios pirenaicos en el año 844 prometió al obispo Willesindo de Pamplona hacerle llegar una reliquia de San Zoilo al que tanta devoción tenían los de Cáseda. Siete años después el obispo recibió las reliquias de Córdoba y se dice que entonces se levantó un templo para feliz memoria del Santo. La gran distancia y las persecuciones que sufrían los cristianos en el sur le habían impedido enviar antes las cartas. "Pero ahora, el señor Galindo Ennecon, volviendo a su patria, por él mismo os destinamos las reliquias de dicho santo mártir (...), y cumpliendo felizmente el voto de vuestra promesa, construyáis una basílica a la feliz memoria", se anunciaba en la misiva

La leyenda atribuye a este obispo la construcción de una ermita en una zona deshabitada junto al antiguo camino que unía Tudela con Sangüesa, el monasterio de Leyre y las Cinco Villas. Por donde pasaban los roncaleses para llevar su transhumancia a las Bardenas Reales.

La ermita estaba situado en el camino que llevó Abderraman III desde Carcastillo a la zona de Sangüesa-Rocaforte en la famosa expedición de castigo del año 924.