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Real Colegiata de San Isidoro

León  

 


 

 

En el ángulo noroccidental del campamento romano de la Legio VII Gemina al cobijo de la muralla campamental, el rey Sancho el Craso (+ 966), hijo de Ramiro II, construyó un monasterio para albergar los restos del niño mártir de Córdoba, San Pelayo. La hermana de Sancho, la monja Elvira Ramírez, se trasladó con su comunidad al nuevo cenobio desde el antiguo monasterio de Palat de Rey, y con ella, la célebre institución del Infantado, dote de las infantas solteras, consistente en el dominio sobre varios monasterios y abundantes posesiones. A finales del siglo X, ante la irrupción de los ejércitos de Almanzor, las monjas buscaron refugio en Oviedo. El monasterio leonés de San Pelayo fue arrasado por las tropas del caudillo árabe.

Alfonso V (999-1027) lo reconstruyó de pobres materiales, barro y ladrillo. Nuevamente se estableció allí una comunidad de monjas que cuidaban el cementerio real a donde el rey había trasladado los huesos de sus antecesores, los reyes leoneses, dispersos por distintas iglesias del reino, entre ellos, los de sus padres, Vermudo II y Elvira.

prerrománico asturiano
siglos XI-XII

La hija de Alfonso V, la infanta doña Sancha, dómina del Infantado antes, y reina de León después, procuró con su esposo, el primer rey de Castilla, Fernando I (1037-1065) segundo hijo de Sancho III "el Mayor" de Navarra, elevar el monasterio a la más alta dignidad. Sustituyeron el templo de tapiales por otro de piedra y con él daban comienzo al arte románico en sus reinos. Eligieron el pórtico de la iglesia para cementerio real y allí dispusieron que fueran enterrados sus cuerpos. Lograron el traslado del cuerpo de San Isidoro desde Sevilla, y el de San Vicente desde Ávila.

La hija de Fernando I y Sancha, la infanta doña Urraca Fernández (+ 1101), dómina también ella del Infantado, amplió la iglesia de sus padres y le hizo magníficas donaciones, como el cáliz de oro y ágata. Otra infanta leonesa, dómina asimismo del Infantado, doña Sancha Raimúndez (+ 1159), con su hermano el emperador Alfonso VII, continuó la obra de la nueva iglesia iniciada por su tía abuela, la infanta doña Urraca y la hicieron consagrar en 1149. Un año antes habían sustituido la comunidad femenina de monjas benedictinas por un Cabildo de Canónigos Regulares que rigieron el templo y la abadía hasta 1956.












panteón de los Reyes de Asturias y de León

cáliz de doña Urraca