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nuevo Archivo Real y General de Navarra

Pamplona

 

Sobre la ruina del antiguo palacio real de la Navrrería que levantó o reconstruyó Sancho VI “el Sabio” a finales del siglo XII y no pudiéndose llevar a cabo una restauración, el arquitecto Rafael Moneo ha concebido y realizado una nueva fábrica que aloja los archivos del Reyno de Navarra.

Los restos del viejo palacio han sido “envueltos” con nueva mampostería que si bien no se identifica enteramente con el edificio gótico que un día existió, tampoco puede considerarse ajeno a él. Lo gótico “se advierte” aunque sea un pequeño “sueño”, se opina.

Al término de la etapa medieval, el viejo palacio fue sede del Virreinato y en el siglo XIX se convirtió en Capitanía General de Navarra y luego en sede del Gobierno Militar. Su ruina final fue provocada por un reciente incendio.

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El Archivo Real y General de Navarra se sitúa en el casco histórico de Pamplona, a corta distancia del Museo de Navarra, frente a la basílica de San Fermín de Aldapa, al borde de las murallas del norte, en el barrio de la Navarrería.

Ocupa lo que antaño fuera el Palacio Real y Episcopal de San Pedro, cuya historia se remonta al siglo XII, cuando el rey Sancho VI el Sabio (1132-1150-1194) ordena su construcción. Este antiguo palacio, rescatado para su cometido actual tras varias décadas de abandono, sirvió de residencia en época medieval a los obispos de Pamplona y a los monarcas del Reino, protagonizando sucesivos litigios por su propiedad entre el obispado y los reyes, litigios que se inician en tiempos de los monarcas de la dinastía de Champagne (1234-1305), cambiando de mano con frecuencia. En 1198 Sancho VII el Fuerte (1154-1194-1234) había suscrito un documento de donación otorgando el palacio, capilla, hórreo y bodega al obispo García Fernández (1194-1205), agradeciéndole un importante préstamo. En los litigios llegó a intervenir en 1259 el pontífice Alejandro IV (1254-1261), anulando la cesión que el obispo de Pamplona Pedro Jiménez de Gazólaz (1241-1266) había hecho en favor del rey Teobaldo I de Navarra Champagne (1201-1234-1253). Las discordias finalizaron solamente en 1427 cuando el papa Martín V (1417-1431), resuelto el Cisma de Occidente, encarga al abad de la Oliva las negociaciones para que la reina Blanca I de Navarra Evreux (1385-1425-1441) se quedara con el palacio a cambio de una compensación a la sede episcopal, acuerdos que llegaron a buen término.

Elipse: genealogía  reyes  de  Navarra

Tras el cambio dinástico forzado por las armas y la pérdida de la independencia política de Navarra en 1512, el palacio pasó a ser habitado en 1529 por los Virreyes de Navarra y desde 1841 por los Capitanes Generales hasta 1880. Posteriormente alojó en sus dependencias el Gobierno Militar hasta 1972. De ahí sus diversas denominaciones: palacio de los Reyes, del Virrey o de Capitanía.

El nombre de San Pedro procede de la iglesia que se localizaba en sus cercanías, construida en ese lugar, en fecha indeterminada. En 1255 se documenta una capilla bajo la advocación de San Pedro que debía cumplir la función de capilla del vecino palacio regio, cesando su actividad tras la destrucción de la Navarrería en la guerra de los burgos de 1276.

Su ruina final fue provocada por un reciente incendio. Su rehabilitación es obra del arquitecto Rafael Moneo, siendo inaugurado como depósito documental en 2003. El edificio ofrece una imagen singular en la que se integra la vieja fachada del Palacio con elementos de nueva construcción. Los restos del viejo palacio han sido “envueltos” con nueva mampostería que si bien no se identifica enteramente con el edificio gótico que un día existió, tampoco puede considerarse ajeno a él. Lo gótico “se advierte” aunque sea un pequeño “sueño”, se opina. De su pasado histórico conserva intacta la sala gótica abovedada, dedicada a exposiciones de los documentos más relevantes del Archivo, y el patio interior porticado, ahora acristalado y con un parterre ajardinado en el centro.

El nuevo edificio, de tres plantas, se encuentra adosado a una torre de once pisos -la mayoría bajo tierra-, destinada a depósito de documentos, y equipada con los más avanzados sistemas para la clasificación, consulta, conservación y custodia del patrimonio documental de Navarra. Muestra un amplio hueco central, por el que se accede a los distintos pisos, con un lucernario que lo corona y que permite recibir luz natural a cualquier hora del día.

Los denominados documentos del Reino, a los que posteriormente se fueron añadiendo los fondos de otras instituciones, constituyen el núcleo del Archivo Real y General de Navarra; en él se conserva toda la documentación procedente de las antiguas Cortes de Navarra y su Diputación, desde finales del siglo XV hasta 1836.

Conserva la antigua portada, realizada en sillar con arco rebajado, enmarcado por dintel que da paso al escudo imperial del Emperador Carlos V, al que flanquean dos columnas con la leyenda del Non Plus Ultra. Como remate se alza un frontón triangular. En el interior de las jambas se conservan dos querubines. La portada se debió rehacer hacia 1598 con ocasión de la venida a Pamplona de Felipe II (1527-1556-1598), momento en que debió colocarse el emblema del Emperador, apartando las armas episcopales que todavía lucía el palacio.

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