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monasterio Santa María la Real

Iranzu

Navarra



 

 

 

 

Se encuentra el monasterio en el pequeño valle de Iranzu, entre las montañas rocosas de Yerri, cerca de Estella, en el término de Abárzuza. En el km. 8 de la carretera Estella-Echarri Aranaz, arranca en Abárzuza la carretera que conduce al Monasterio. Fue fundado por monjes blancos benedictinos seguidores de la reforma cisterciense.

Anteriormente a la llegada de los monjes cistercienses, existió un cenobio de benedictinos bajo la advocación de San Adrián cuya existencia puede remontarse al siglo XI. La comunidad se extinguió quedando en pie su iglesia en ruinas. La comunidad de San Adrián no debió ser muy numerosa ni influyente. La iglesia de Abárzuza y el monasterio de San Adrián fueron donados por Sancho III el Mayor en los años 1030-1035 a la sede episcopal de Pamplona.

ermita de San Adrián

 

Esta iglesia de San Adrián debió de aprovecharse para la definitiva fundación del monasterio cisterciense en 1176. La abadía de Iranzu surge tras la donación que lleva a cabo en 1176 el obispo de Pamplona Pedro de Artajona a su hermano Nicolás. El obispo, nombrado en 1167, era conocido como “Pedro de París” por haber estudiado en esa ciudad juntamente con su hermano Nicolás. Antes de la donación, éste vestía el hábito cisterciense en la Cour-Dieu (Curia Dei) de filiación Cîteaux, en Orleans, la séptima fundación de la Orden en 1119. Así Iranzu es el primer monasterio español de esta filiación Cîteaux. A Iranzu llegaron en el año 1178 los doce monjes -- como los doce apóstoles -- que prescribían las Constituciones para efectuar cualquier nueva fundación. En los primeros diplomas se sigue llamando monasterio de San Adrián. A partir de 1193 se habla ya de Santa María de “Irantio”. En 1186 Pedro de París había traído a su diócesis la reliquia de San Fermín y fue el introductor del culto del santo en Pamplona.

El monasterio comenzó a construirse en 1176 y se prolonga hasta principios del siglo XIV, de estilos cisterciense y románico-gótico. El recinto de Iranzu tiene una compleja estructura propia de los monasterios medievales, que comprende diversas dependencias distribuidas alrededor de patios y claustros en una extensa superficie cerrada por murallas, cuya organización recuerda la del monasterio cisterciense de La Oliva, en Carcastillo (Navarra). Del conjunto destaca su gran iglesia abacial, el claustro anejo a ella y las dependencias del mismo, como la sala capitular, la cocina y el refectorio. Adosadas al flanco sur del complejo monástico se conservan otras construcciones manieristas del siglo XVII, donde hoy habita la comunidad de Teatinos.

En el siglo XIII, gracias a donaciones de reyes, obispos y nobles, el monasterio llegó a disponer de numerosas propiedades y posesiones por casi todo el Reyno de Navarra y en los territorios limítrofes de Alava, Guipúzcoa y La Rioja. Incluso Alfonso X el Sabio, siguiendo una tradición familiar pues ya Alfonso VIII lo había hecho antes, cedió a los monjes de Iranzu algunas fincas urbanas en Sevilla y rústicas en Lucena y Alocaz. Adquirió el monasterio gran relevancia a partir del abad Peregrino (1199-1210) y especialmente Fernando Martínez de Milagro (1246-1258) quien acometió muchas obras y permutó con el rey Teobaldo I de Navarra Champagne (1201-1234-1253) en 1248 una heredad en su pueblo natal Milagro, actualmente llamada Dehesa de San Juan, que, antes de pertenecer a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén durante muchos siglos, había sido del monasterio de Iranzu, seguramente por cesión de su abad. Es famoso el Libro Becerro de Iranzu que el abad Martínez hace componer detallando las numerosas propiedades del monasterio.

El 20 de octubre de 1307 el rey Luis I de Navarra (1289-1305-1316) y X de Francia (1289-1314-1316), que había venido a coronarse desde Francia, confirmó privilegios a Iranzu y le dió amparo real. A finales del siglo XV los monjes tomaron partido por la facción "agramontesa" en las guerras civiles que los enfrentaron a los "beamonteses", por cuya causa sufrió el monasterio hasta el punto que los monjes consideraron abandonarlo. Mosén Pierres de Peralta le dispensó de algunos tributos a fin de mejorar su pecaria situación. También el rey-viudo-consorte don Juan otorgó al cenobio ciertas rentas a mediados del siglo XV. A finales del siglo XV el monasterio había languidecido de tal manera que sólo la integraban tres sacerdotes y cuatro frailes. Se plantearon nuevos problemas tras la anexión del Reyno de Navarra a la Corona de Castilla, León y Granada en junio de 1515, y arrogarse el emperador Carlos V y su hijo Felipe II el derecho de presentación de los abades. La pretensión de los monarcas de incorporar los cenobios cistercienses navarros a la Congregación de Castilla no llegó a realizarse y en 1634 se unió Iranzu a la Congregación de la Corona de Aragón, como las otras comunidades de Navarra.

La primera exclaustración ocurre en 1809 en tiempo de la ocupación napoleónica. Tras la exclaustración de 1835, los monjes de Iranzu, al igual que los benedictinos de Irache, pudieron permanecer algún tiempo en el monasterio al amparo de las milicias carlistas, aunque en 1839, después del "abrazo de Vergara", tuvieron que abandonarlo como consecuencia de las leyes desamortizadoras de los regímenes centralistas liberales. Desde entonces el cenobio quedó deshabitado, hasta que en 1945 se estableció una comunidad de religiosos Teatinos, que continúa en la actualidad. En 1942 se llevó a cabo por la Institución Príncipe de Viana una profunda restauración, en algunos casos reconstrucción.

En vida del fundador Pedro de París debió de edificarse gran parte de la iglesia abacial y en esa iglesia fue enterrado este obispo-fundador en 1193, "cerca del presbiterio y en la nave del evangelio". Resulta impresionante la macicez de los elementos arquitectónicos de la iglesia, aún deudores del estilo románico. La austeridad de las estructuras contribuye a resaltar la pureza arquitectónica, propia de los templos cistercienses. En planta, la iglesia recuerda los modelos de templos cistercienses de Borgoña, presentando tres alargadas naves, cada una dividida en cinco tramos rectangulares. Sigue un crucero no destacado en planta, aunque sí en alzados, y una triple cabecera recta, en correspondencia con cada una de las naves. La capilla central es rectangular y tiene dos tramos, al igual que la del lado de la Epístola, mientras que la del Evangelio se reduce a uno sólo. Las naves se separan entre sí por arcos ojivales doblados. En el muro frontal de la capilla mayor se desarrolla un triple arco apuntado rematando el conjunto una gran rosa de seis lóbulos y arquillos trilobulados. Se abren en los muros del templo un elevado número de ventanas, a través de las cuales el interior recibe una abundante y clara iluminación. Un gran óculo de tracería moderna se eleva en el muro de los pies, sobre dos ventanas de medio punto abocinado. Otros óculos menores presentan los extremos de los brazos del crucero.

nave central y cabecera

Las naves y el transepto se cubren con bóvedas de crucería con nervios de triple baquetón. Bóvedas semejantes cubren las tres capillas de la cabecera, excepto el segundo tramo de la del lado de la Epístola, que se debe a una reforma posterior dentro del estilo gótico. Este tramo recibe bóveda de crucería con nervios de sección mixtilínea, al igual que el arco fajón.

pies de la nave central y bóvedas de crucería

Adosada a la cabecera por el lado de la Epístola se halla la Sacristía, estancia manierista de la primera mitad del siglo XVII, como la del Monasterio de La Oliva (Carcastillo). Se cubre la sacristía con bóvedas de medio cañón con lunetos. En uno de los muros se encuentra una fuente de la época, bajo medio punto, con pequeñas pilas aveneradas a sus lados. En la sacristía se guarda una bella talla barroca de San Francisco de Asís, de tamaño pequeño, del siglo XVIII, según la iconografía de Pedro de Mena.

 

Al exterior, potentes muros de sillería bien escuadrada, con contrafuertes dispuestos en correspondencia a los tramos internos. Se culminan en cornisa con canes lisos. La fachada oculta el verdadero hastial del templo, que queda tras ella, y se resuelve como un paramento limpio de sillería, desarrollado en vertical. En su centro se abre una bella puerta abocinada con cuatro arquivoltas ojivales lisas y arco exterior, apeando en columnas acodilladas de bases circulares y capiteles de pencas cistercienses. Encima se encuentra un gran óculo y en los cuerpos laterales estrechas ventanas de arco apuntado.

fachada principal

 

Adosado al templo por el lado de la Epístola se encuentra el Claustro y sus dependencias anejas, todo ello de origen medieval, que han sido objeto de profunda restauración. Las obras del claustro se comenzaron muy a finales del siglo XII o principios del XIII, dentro de la tradición más pura del Císter.

 

 

El claustro, con su fuente hexagonal, se completó en el siglo XV. El claustro se ajusta en planta a un cuadrado irregular con seis arquerías entre contrafuertes, los lados norte y sur, siete el occidental y ocho el oriental. En la crujía norte, la más primitiva, sus arcos están formados por dos medios puntos con baquetones externos que montan en tres columnas. Cobija el conjunto un amplio arco ojival macizado con rosetón central de seis lóbulos. La crujía meridional, la más tardía de todas, tiene cinco amplias arcadas con tres finísimos maineles sobre los que cabalgan dos arcos ojivales. Una de las arcadas meridionales se ha suprimido a fin de conectar con el Lavatorio.

claustro

El lavatorio, prácticamente reconstruido en la última restauración, es un templete hexagonal con bóveda de seis paños, abriéndose en sus lados arcos similares a los del flanco oriental. En su interior hay una fuente también hexagonal.

lavatorio de los monjes

Un abundante número de capiteles esculpidos aparecen en los distintos pilares, columnas y maineles de las arcadas del claustro, advirtiéndose a través de ellos la evolución que sufre el estilo a lo largo del tiempo que se invirtió en su construcción. En la crujía norte y en los tramos más antiguos de de los flancos occidental y oriental predominan capiteles vegetales diversos. En las tres arcadas del siglo XIV se utiliza una hojarasca gótica propia de la época, formando capiteles corridos. Las galerías del claustro se cubren por bóvedas de crucería. Sus cruces se decoran con claves decoradas. Los sobreclaustros, hoy demolidos, se construyeron en el primer tercio del siglo XVII. Desde el claustro se accede al templo a través de dos portadas que se encuentran en los extremos del flanco norte.

sala capitular

Construida a finales del siglo XII en estilo cisterciense, la Sala Capitular se localiza en la crujía oriental del claustro. Tiene planta rectangular y se cubre con seis tramos de bóvedas de crucería que apoyan en dos columnas centrales en lugar de cuatro como en La Oliva y Fitero. Preside el muro frontal una ventana ciega de medio punto abocinada que flanquean dos hornacinas de arcos ojivales. Un robusto arco de medio punto moldurado con baquetón permite el ingreso a esta estancia desde el claustro. Centran este arco ventanas de medio punto abocinadas, cada una con cuatro arquivoltas.

cocina y chimenea de la cocina

 

El conjunto medieval del claustro se completa con una serie de dependencias situadas en los flancos sur y oeste del mismo, de las que destaca la Cocina monumental del siglo XIII, para cuya construcción, igual que el Refectorio, dejó un legado testamentario el rey Teobaldo II de Navarra Champagne (1238-1253-1270). Rodean la chimenea ocho tramos de bóveda de crucería. Sirve de tránsito a la cocina desde el claustro un tramo de bóveda de medio cañón apuntado. Por encima de sus tejados sobresale la chimenea, con agudo chapitel de piedra y un cuerpo superior abierto por medios puntos y rematado en pirámide. Junto a la cocina se emplaza el Refectorio, hoy convertido en capilla. Se accede a él desde el claustro por una portada gótica del último tercio del siglo XIII, abocinada con cuatro arquivoltas y capiteles corridos en los que se desarrolla una hojarasca muy geometrizada. Esta dependencia, junto a otras antiguas, en las que hoy habita la comunidad Teatina, forman al exterior un gran bloque rectangular con monumental fachada manierista, muy horizontal, orientada al sur.

En el lado occidental del claustro se localiza la Cillería que está dividida en cuatro tramos, conservando todavía los tres fajones apuntados correspondientes y un arco igualmente apuntado de ingreso desde el pórtico.

casa abacial

 

La Casa Abacial está ubicada en la parte posterior de la fachada principal del templo. La construcción debió de ser retocada en el Barroco, aunque conserva aún del siglo XIII el paramento central de su fachada. Se abre en él un arco apuntado con columnillas de capiteles vegetales y arquivolta externa de puntas de diamante. Sobre el arco luce un hermoso tondo con el Agnus Dei sostenido por cuatro ángeles, que han perdido su cabeza, enmarcados por baquetones.

La Ermita de San Adrián se encuentra al oriente del complejo monástico. Construcción de estilo cisterciense, de hacia 1200, recuerda a la capilla de San Jesucristo del Monasterio de La Oliva. Consta de nave cuadrada y ábside semicircular, separados por arco triunfal apuntado sobre pilares rectangulares con baquetones en sus ángulos. En el ábside se abren dos pequeñas ventanas abocinadas de medio punto sobre las que corre una imposta lisa. Se cubre por bóvedas de fuertes nervios de sección pentagonal. Su exterior presenta muros de sillería, muy retocada, jalonando todo su perímetro contrafuertes prismáticos. Un arco de medio punto sirve de ingreso a los pies y otro más pequeño se abre en el lado de la Epístola. Junto a la ermita quedan restos de una dependencia medieval de planta rectangular con arcos perpiaños apuntados así como accesos a otras dependencias arruinadas.

Adosado al muro de la nave del lado del Evangelio se halla un sepulcro de la época de la iglesia con un arco apuntado.

En el pavimento del presbiterio aparece una lauda sepulcral de principios del siglo XVII, que se ha identificado erróneamente con la del obispo y fundador Pedro de París. Lleva escudo portando báculo y mitra, más flor de lis y estrella en jefe. Debajo de él una cartela de cueros retorcidos incluye leyenda de la que sólo se conservan sus primeras letras: HIC; en ella se decía: "Aquí yace sepultado el Maestro P. fray Domingo de Astete".

Diversas piezas medievales, en su mayoría restos arquitectónicos, se guardan en las distintas dependencias del Monasterio.

crucero de Iranzu

Junto al camino que conduce al Monasterio se eleva un crucero de la segunda mitad del siglo XVI. Monta en dos gradas cuadradas y presenta basa circular, pedestal cúbico cajeado y columna acanalada de capitel compuesto que incorpora pinjantes de frutos y cabezas de querubín en sus frentes; se remata en cruz con Crucificado de estilo expresivista en el anverso y Virgen con Niño en el reverso.

Los ladrones que robaron los bueyes del Monasterio en el año 1331 fueron ahorcados en Estella. En 1359 los monjes entregan 50 libras al infante Luis de Evreux, conde de Beaumont le Roger (1341-1376), para levantar gentes de armas para defender las posesiones de su hermano, el rey Carlos II (1332-1349-1387) en Normandía.

Iranzu significa en vascuence “helechal” y es un pariente toponímico de Irañeta o Iraeta e Irache.