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Real Monasterio de Santa María la Real

Fitero

 


El monasterio de Fitero fue fundado por el propio San Bernardo poco antes de fallecer. El primer abad fue San Raimundo que fue el fundador de la Orden de Calatrava. La comunidad de monjes provenientes del monasterio francés de L'Escale-Dieu - cenobio pirenaico de Bigorre - comenzó a residir en la iglesia de Santa María ubicada en la cercana montaña de Yerga, trasladándose poco después (1141) a la villa de Niencebas que el 24 de octubre de 1140 había sido concedida a los monjes por Alfonso VII de Castilla .

Poco después, hacia el año 1155, en tiempos del reinado de Sancho VI el Sabio, la comunidad se traslada a la actual sede definitiva de Fitero, recibiendo importantes propiedades y el castillo de Tudejen. Los obispos de Tarazona y Calahorra así como los reyes de Navarra y de Castilla se disputaron la posesión del monasterio, pasando a la pertenencia de los navarros definitivamente en el reinado de Carlos II de Navarra Evreux (1373) tras numerosas disputas fronterizas durante la guerra de los dos Pedros y la lucha fratricida en Castilla entre Pedro I el Cruel y su hermano consanguíneo Enrique de Trastamara. Fue el cardenal Guido de Bolonia el que arbitró en las disputas y sentenció que Fitero pertenecía a Navarra.

El abad Miguel de Peralta fomentó en el año 1482 la creación del pueblo de Fitero, que acabó rodeando el monasterio quedando sus moradores en régimen de señorío.

La construcción del templo se inicia por la cabecera hacia 1175 y se continuó en el siglo XIII por las naves quedando acabado en el tiempo del rey Teobaldo I de Navarra Champagne (1247). Su planta sigue los modelos de monasterios franceses de Clairvaux y Pontigny siendo muy parecida a la de Poblet en Cataluña, La Oliva en Navarra o Veruela en Aragón.

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Fitero se encuentra muy cerca del punto geográfico donde limitan los reinos históricos de Navarra, Aragón y Castilla, conocido como el “mojón de los tres reyes”.

Está situado en el valle del río Alhama por donde discurre la calzada romana que desde Alfaro tomaban los ejércitos de Roma para ascender a la Meseta castellana para la conquista de Numancia.

Sus aguas termales fueron conocidas desde la época de Roma. La fundación del primer monasterio cisterciense de la Península Ibérica es un hecho que determina la vida de Fitero.




San Raimundo de Fitero



el orgullo de Fitero festeja su bonito pasado

la hermosa plaza de los ábsides es ejemplo de admiración


Real Monmasterio de Santa María

El monasterio cisterciense de Fitero fue fundado por el propio San Bernardo poco antes de fallecer y es el primero de la Orden en España. El primer abad fue San Raimundo, a su vez fundador de la Orden de Calatrava. La comunidad de monjes provenientes del monasterio francés de L'Escale-Dieu -- cenobio pirenaico de Bigorre -- comenzó a residir hacia 1130-1140 en la iglesia de Santa María - actualmente en ruinas - ubicada en la cercana montaña de Yerga - en la orilla derecha del río Ebro no lejos de Autol - trasladándose poco después (1141) a la villa de Niencebas que el 24 de octubre de 1140 había sido concedida a los monjes por Alfonso VII de Castilla (1105-1126-1157) “cuando el emperador formó paces con el rey D. García de Navarra que casó su hijo con la hija de aquel”.

Poco después, hacia 1152-1155, en tiempos del reinado de Sancho VI el Sabio (1132-1150-1194), la comunidad se traslada a la actual sede definitiva de Fitero recibiendo importantes propiedades y el castillo de Tudejen. Los obispos de Tarazona y Calahorra así como los reyes de Navarra y de Castilla se disputaron la posesión del monasterio pasando a la pertenencia de los navarros definitivamente en 1373 en el reinado de Carlos II de Navarra Evreux (1332-1349-1387) tras numerosas disputas fronterizas durante la guerra de los dos Pedros y después en las luchas fratricidas en Castilla entre Pedro I el Cruel (1334-1350-1369) y Enrique II de Trastamara (1333-1369-1379). Fue el cardenal Guido de Bolonia el que arbitró en las disputas y sentenció que Fitero pertenecía a Navarra.

El abad Miguel de Peralta fomentó en el año 1482 la creación del pueblo de Fitero que acabó rodeando el monasterio quedando sus moradores en régimen de señorío.

La construcción del templo se inició hacia 1175 por la cabecera y se continuó en el siglo XIII por las naves quedando acabado en 1247 en tiempos del rey Teobaldo I de Navarra y Champagne (1201-1234-1253). Su planta sigue los modelos de monasterios franceses de Clairvaux y Pontigny siendo muy parecida a la de Poblet en Cataluña, La Oliva en Navarra o la cercana Veruela en Aragón.

Presenta una arquitectura protogótica de planta de cruz latina con tres naves, la central más amplia, de seis tramos cada una, más amplio crucero de siete tramos y cabecera con girola en los que se abren cinco capillas radiales de planta semicircular. En los brazos del crucero se disponen pares de capillas absidiales, también semicirculares, de las cuales han desaparecido las del lado de la Epístola al construirse la sacristía. Las naves se cubren con bóvedas de crucería jalonadas por potentes arcos fajones apuntados. En el presbiterio semicircular se emplea una bóveda gallonada y en las capillas absidiales cuartos de esfera. Como resultado de esta estructura se define un espacio de gran longitudinalidad y altura, así como una gran austeridad decorativa, todo ello reflejo del espíritu de San Bernardo. La combinación de grandiosidad y austeridad otorgan al monasterio de Fitero un carácter inolvidable.

En el primer tercio siglo XVI se introducen tres bóvedas estrelladas góticas para sustituir a las que se hundieron en los tramos de los pies de la nave. La capilla bautismal, con bóveda también estrellada, debe ser de la segunda mitad del siglo XVI. El coro alto ocupa los dos tramos de los pies y fue levantado a finales del siglo XVI. La sacristía se localiza entre el brazo del crucero de la Epístola y la girola, se cubre con tres tramos de bóvedas de medio cañón con lunetos y hornacinas de medio punto y corresponde al siglo XVIII. La antesacristía y el lavabo están cubiertos con medias naranjas, la de éste elíptica.

Entre 1732 y 1736 se construye la capilla barroca de la Virgen de la Barda - antes del Santo Cristo y de los Quince Auxiliadores - aprovechando una capilla del siglo XVII, cubriéndose su primer tramo por bóveda de medio cañón y el segundo por cúpula con tambor y linterna. La cabecera en artesa se remata por un cuarto de esfera sobre pechinas. Presenta una rica decoración de yeserías y pinturas.

Al exterior, muros de buena sillería jalonados por enormes contrafuertes que se corresponden con los tramos del interior. Responde a las normas cistercienses: sólido, robusto, de gran fortaleza, sin complicaciones estructurales de ningún tipo, apenas articulado, con sabio escalonamiento de masas en su cabecera, predominando un sentido de la horizontalidad. La fachada principal se encuentra en el muro hastial y cuenta con una portada abocinada de medio punto, de estilo románico tardío, con cuatro arquivoltas que descansan en columnas pareadas en el arco de ingreso. Sobre la portada, un gran óculo. La torre manierista del siglo XVII está ejecutada en ladrillo y se localiza en el extremo del brazo de la Epístola. Resulta desproporcionada por su excesiva estrechez y verticalidad. Sus tres cuerpos han recrecido sobre el primitivo torreón circular del Monasterio. Se corona por cuatro pirámides entre las que se aloja un chapitel octogonal. También son de ladrillo los muros exteriores de la capilla de la Virgen de la Barda. Particular juego de volúmenes se aprecia en los ábsides que se presentan congran belleza. Se trata de una de las grandes cabeceras cistercienses de la arquitectura medieval española.

Anejo a la iglesia por el lado de la Epístola se encuentra el claustro, comunicándose con aquella a través de una portada románica de medio punto con dos arquivoltas sobre columnillas de capitel decorado con flora cisterciense y piñas. El claustro bajo es de estilo plateresco, con una rica y variada ornamentación, construído a lo largo del siglo XVI, mientras que el sobreclaustro es de estilo herreriano de gran severidad, construído a principios del siglo XVII. El claustro bajo es de planta cuadrada con siete arcadas apuntadas sobre apoyos tipo Reyes Católicos en el lado oriental. Los otros tres lados presentan seis arcadas levemente apuntadas próximas al medio punto sobre pilares cuadrados. Los tramos se cubren por bóvedas estrelladas. La sala capitular del siglo XIII - similar a la del Monasterio de la Oliva y otros cenobios del Císter - se encuentra en el lado oriental del claustro y se cubre por nueve tramos de bóveda de crucería encuadradas por arcos de medio punto. Se accede desde el claustro a través de una triple arcada. A finales del siglo XIX se derrumbó una esquina del claustro. El claustro se encontraba gravemente deteriorado a principios del siglo XXI, habiendo comenzado las obras de rehabilitación integral en agosto del año 2008.

El monasterio consta de una serie de dependencias, entre las que se encuentra el refectorio nuevo (antiguamente cillería, s. XIII), el refectorio medieval (s. XIII, recrecido en el XVII tras derruir la cubierta para formar encima la librería), la librería (s. XVII, cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos, remodelada en la época barroca del s. XVIII), y otras dependencias de los siglos XVI (palacio abacial, gran patio con el convento de Santa Ana) y XVII (ala sur, en parte destruída para la construcción de un moderno grupo escolar).

Preside el presbiterio un gran retablo mayor, manierista, terminado hacia 1583 en mazonería y escultura y pintado y dorado en 1590. Destaca el exquisito gusto de los motivos decorativos que cubren los frisos y traspilatras con grutescos y otros motivos como los óvalos de los pedestales de las grandes columnas. La calle central está reservada a la escultura con la Asunción, tipicamente romanista, el altorrelieve de la Coronación de la Virgen y el Calvario. Ocupan el resto del retablo tablas pintadas, algunas con majestuosas figuras en contraposto inspiradas en modelos italianos. La Epifanía es una composición de gran aparato inspirada en los mismos modelos de los que se toma la belleza de la Virgen con el Niño. En el banco se hallan las tablas con las majestuosas figuras en contraposto de San Pedro y San Pablo, bajo veneras figuradas en las puertas que comunican con el trasaltar.

Flanquean el presbiterio dos sepulcros de piedra. El del lado de la Epístola es gótico, de principios del siglo XIV, tradicionalmente atribuído al sepulcro del arzobispo de Toledo Ximénez de Rada. El sepulcro del lado del Evangelio corresponde al abad fray Marcos de Villalba, muerto en 1592. El gran candelero de madera dorada del presbiterio es de principios del siglo XVII.

En el lado del Evangelio se encuentran los retablos de la Purísima (brazo del crucero, manierista con resabios platerescos, de hacia 1590); Cristo de la Guía (brazo del crucero, de traza romanista de principios del s. XVII; San Benito (manierista, de principios del s. XVII); San Ignacio de Antioquía (manierista, de hacia 1600); y de la Virgen del Rosario (barroco, de hacia 1660, con una bella talla de la Virgen de la Candelaria de hacia 1560-1570). En el tramo de los pies se hallan una imagen de Cristo caído con la cruz a cuestas, de mediados del siglo XVII, y cuatro grandes candelabros barrocos de madera de hacia 1700. En la capilla de la Virgen de la Barda se encuentra un baldaquino de 1740 ejecutado para el Cristo de la Guía cuyo esquema se relaciona con el de San Pedro del Vaticano en Roma. El camarín fue construído en 1918 y lo preside una extrordinaria talla gótica de estilo francés de la Virgen de la Barda, de principios del siglo XIV.

En el lado de la Epístola, los retablos de San Miguel (primera capilla del brazo del crucero, manierista, de principios del s. XVII); San Raimundo (brazo del crucero, barroco churrigueresco, de hacia 1730); San Bernardo (similar al colateral simétrico de San Benito); San Ildefonso (semejante al de San Ignacio de Antioquía); San José (barroco, de hacia 1700); y Cristo de la Columna (a los pies de la nave, rococó con una imagen del titular del s. XVII). Entre los retablos de San Raimundo y de San Bernardo se encuentra una tribuna de madera de finales del siglo XVI con ménsulas de decoración manierista apoyando sobre forja. En la capilla bautismal se encuentra una gran pila bautismal medieval de piedra realizada de una sola pieza.

En la nave central apoya un púlpito con gran tornavoz barroco del siglo XVIII. Frente a él, un órgano barroco de 1660. A los pies del templo hay un cancel de madera del siglo XVIII.

En el coro se ubica una doble sillería manierista terminada en 1601 que recorre todo su perímetro. Tiene 79 sillas. El facistol data también de 1601 y de la misma época deben ser las puertas del coro con decoración manierista de rectángulos, rombos, círculos y óvalos.

En la sacristía se expone una interesante colección de pinturas, entre la que destaca un lienzo manierista del Nacimiento, de origen italiano, de la segunda mitad del siglo XVI con una bella Virgen rafaelesca, y una Transverberación de Santa Teresa de Vicente Berdusán de 1691. Se conservan también, entre otras obras de arte, los bustos-relicarios romanistas de San Raimundo de Fitero y de San Blas, de principios del siglo XVII.

En la sacristía se conserva una rica colección de ornamentos litúrgicosde los siglos XVI, XVII y XVIII, algunos de ellos restaurados en el año 2007 por la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra. La mesa rococó de la sacristía que hace juego con dos grandes espejos y cuatro más pequeños, corresponde a la segunda mitad del siglo XVIII. En la casa parroquial y en las dependencias se guardan pinturas y esculturas de diversos estilos y épocas, destacando un San Sebastián muy bello de mediados del siglo XVI de escuela aragonesa y una interesante colección de Crucificados pequeños de diversos materiales: madera, marfil y bronce.

En el capítulo de orfebrería se conserva una buena colección. Destaca una magnífica naveta de concha y plata dorada de la segunda mitad del siglo XVI, cuyo origen plantea interrogantes así como una pequeña arqueta eucarística de cobre con rica policromía de esmalte, de hacia 1200. Otras piezas incluyen: cofre de filigrana de plata, barroco del siglo XVIII; cuatro coronas de plata, de los siglos XVI y XVII; crismera de plata de mediados del siglo XVI; dos ostensorios, uno de ellos clasicista de bronce dorado, de la primera mitad del siglo XVII, y el otro de plata del XIX; portapaz rococó de plata de la segunda mitad del siglo XVIII; una gran variedad de relicarios, destacando uno barroco de San Raimundo, de plata, tipo brazo, de la primera mitad del siglo XVIII; y dos juegos de vinajeras neoclásicas del siglo XIX.

Se conservan también cuatro pequeñas arquetas, siendo la más primitiva una hispano-musulmana de marfil de excepcional calidad conocida como la "arqueta de Fitero" que forma pareja con otra muy semejante que se conserva en el Instituto Valencia de Don Juan. Está datada en 966 y procede de los talleres califales cordobeses del siglo X. Otra arqueta de madera y marfil es de finales del siglo XI de procedencia siciliana. Otra arqueta románica de madera pintada corresponde al siglo XII. Finalmente, una arqueta de estilo francogótico, con fondo de oro, corresponde al siglo XIII.

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