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la herejía de los Cátaros

“los albigenses”

orígenes y desarrollo en Europa occidental

la doctrina cátara

jerarquía y prácticas de culto

el ritual del “consolamentum”

la importancia de la Iglesia y de las relaciones feudales en la época

la persecución del catarismo

Simon IV de Montfort

 

orígenes y desarrollo en Europa occidental

Los orígenes del catarismo se pierden en un laberinto de influencias orientales complejas y lejanas. Podría identificarse con las doctrinas predicadas por Manes en los comienzos del cristiansmo. Se han identificado diversas variantes en el movimiento cátaro, en Bulgaria, en Grecia, en Italia, en Cataluña, en Renania. Pero es principalmente en las orillas del Mediterráneo en donde esta herejía encontró su mayor vitalidad. El catarismo aparece en Europa occidental en el siglo XI y se extiende rapidamente en el siglo XIII.

Hacia el año 1160 el catarismo se encontraba solidamente implantado en el Languedoc francés. En 1215, el IV concilio de Latran condena la herejía, pero a pesar de las cruzadas lanzadas por el Papa contra el catarismo y dirigidas por Simon de Montfort hasta su muerte en 1218, en el año 1250 se contaban todavía 5 obispos cátaros en Francia, 6 en Italia y otros 6 en el Oriente.

Se suelen atribuir dos orígenes a la palabra “cátaro”. El primero es griego, “catharos” que significa puro (catharsis = purificación). El otro es latino “cattus”, el gato que designaba de forma peyorativa a los heréticos, adoradores del gato. Inicialmente se les llamó “albigenses” ya que sus adeptos encontraron refugio en la ciudad francesa de Albi. Entre ellos mismos, los cátaros se llamaban “apóstoles”, “cristianos”. Y los simples creyentes llamaban a sus ministros, los cátaros ya iniciados, “buenoscristianos”, “buenoshombres”, “perfectos”.

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la doctrina cátara

Los cátaros admiten la existencia de un principio de “maldad” en el origen del mundo material . Al Dios que reina sobre el mundo espiritual se contrapone el mundo material gobernado por Satán. Esta religión dualista es de antigua inspiración maniqueísta que funde toda su doctrina en la eterna lucha entre el bien y el mal. El hombre no es más que un espíritu encerrado dentro de la materia por la astucia de Satán. Los cátaros se proponen liberar al hombre de la materia y devolverle su pureza divina.

En lo esencial, la diferencia con la doctrina católica reside en el rechazo a la encarnación de Cristo así como los aspectos “materiales” de su pasión y resurección. Mientras que las enseñanzas de la Iglesia Católica reposan sobre el “sacrificio redentor de Jesucristo”, los Cátaros interpretan las Santas Escrituras en el sentido de un Cristo que ha venido simplemente a traernos un mensaje, a ofrecernos la llave de la salvación. Según ellos no se encarnó, sino que únicamente tomó una “apariencia humana”. Dios no hubiera consentido el suplicio de la cruz. No hubo por lo tanto “redención” sino una “llamada”. Jesús vino a proponer un modelo de vida.

La herejía de los cátaros consiste en su rechazo a los principios cristianos de la redención del hombre por el advenimiento de Cristo a la tierra y su rechazo a los sacramentos. Para los cátaros, el cuerpo de Cristo ha sido creado por el demonio. Y se oponen a los clérigos cristianos que predican una catequesis del miedo que propugna la condena en el infierno a falta de obtener un perdón. El cátaro está seguro de encontrar el mundo del Bien adheriendo a la fe cátara.

Los cátaros se niegan a aceptar que Dios se encuentre en el origen del “mal” y rechaza la solución católica del “libre arbitrio” por el que Dios permite a los hombres elegir entre el bien y el mal. Puesto que Dios es perfecto, no pudo haber creado el “mal”. El único creador del mal es un ángel rebelde, el demonio Lucifer.

Según los cátaros, la Iglesia Católica es cómplice y generadora del mal al promover persecuciones y excomuniones. Los cátaros no creen en el pesimismo de la Iglesia Católica que juzga que un infierno eterno espera a los pecadores. Los cátaros creen en la salvación del alma que cada uno consigue a base de purificarla en vidas sucesivas.

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jerarquía y prácticas de culto

Se ha definido a esta iglesia herética como un cristianismo medieval en el que se rechaza al pontífice de Roma por ser el símbolo del mal, un pontífice que persigue y excomulga.

Se encuentran en la base los “simples creyentes” que no forman parte de esta Iglesia, aunque deben mostrar respeto a los “perfectos” haciendo tres genuflexiones ante ellos y recibiendo a cambio un “beso de bendición” . Por encima de los “simples creyentes” se sitúan los “novicios”, que deben acostumbrarse a las abstinencias rituales. Los novicios con una antigüedad superior a un año toman la condición de “sacerdotes o ministros”, habiendo éstos recibido el “consolamentum” de un obispo. En lo alto de la jerarquía se encuentra los “obispos”. Inicialmente sólo hubo un obispo, el de la ciudad de Albi en el año 1167. Hubo después cuatro obispos más en Toulouse, Agen, Carcassonne y Razes.

El “perfecto” debe respetar la abstinencia, abtenerse de cualquier relación sexual, de comer carne, huevos, leche. Está sin embargo autorizado a comer pescado. Debe respetar tres cuaresmas de 40 días cada año, lo que incluye algunos días de ayuno a pan y agua.

Los cátaros no veneran la cruz y no tienen un lugar de culto. Negaban la eucaristía y otros sacramentos católicos aunque tenían algunos propios. Los ministros ejercen de forma itinerante dando los sacramentos en las casas o en las calles o plazas de las ciudades.

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el ritual del “consolamentum”

El alma es creación de Dios, pero debe vivir dentro de un cuerpo que es creación del mal satánico Todos los actos que lleva a cabo el cuerpo son pecaminosos, incluso los necesarios para la supervivencia como respirar, alimentarse o la procreación.

Se trataba de un verdadero “bautismo” que se llevaba a cabo en dos ocasiones: en la ordenación de novicios como sacerdotes y en artículo “mortis”. El creyente, puesto de rodillas con una mano sobre los Evangelios, hacía la promesa de adhesión a la fe cátara declarando aceptar la regla de la abstinencia. Un “perfecto” le otorgaba la “consolación” con una simple imposición de manos.

Ningún alma podía ir al paraíso sin ser previamente purificada pues siempre había vivido en pecado al estar en contacto con el cuerpo satánico. Los moribundos debían pues purificarse con el “consolamentum”. Los cátaros creen en la “metempsicosis” o reencarnación del alma tras la muerte en otro cuerpo humano o de un animal no racional. El alma de los que en el momento de su muerte no había recibido el “consolamentum” deambulaba reencarnándose hasta nueve veces en otro ser humano o en animales, por lo que les estaba prohibido matarlos ya que podían albergar un alma. La oportunidad que daba la religión cátara para que el alma se salvara era más generosa pues podía intentarlo nueve veces. La religión católica solamente daba una ocasión al arrepentimiento.

El “consolamentum” debía otorgarse en el mismo momento de la muerte y debía estar seguido del rezo de un Padre Nuestro cátaro, debía ser el último acto de la vida. Pues si otorgado éste la persona no moría, volvía automáticamente a una situación de pecado. Dado que el “consolamentum” solamente podía otorgarse una sola vez, el moribundo que recuperaba el vivir quería entonces morir y era normal que no quisiera ni tan siquiera comer para no vivir más y salvar su alma muriendo.

El fin del mundo no era concebido por los cátaros como una catástrofe sino como una progresiva “extinción” ya que las almas “salvadas” iban desertando la tierra quedando Satán sólo con su “nada”.

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la importancia de la Iglesia y de las relaciones feudales en la época

Para comprender la mentalidad de quienes vivieron a comienzos del siglo XIII debe tenerse en cuenta la importancia de la religión católica y del papel de la Iglesia en la sociedad. La tragedia cátara no podría comprenderse considerando únicamente el lado religioso de la herejía. Existía también la cuestión feudal.

En un régimen feudal de “señorías”, los vasallos de los señores ven lejos al Rey y cerca de ellos a su Señor y al Sacerdote católico. Aquél dirige y aprovecha los cultivos agrícolas, administra justicia, impone castigos y recauda los impuestos. Éste organiza las fiestas religiosas que marcan el ritmo y el calendario de la sociedad, atiende el culto, administra los sacramentos, se ocupa de la educación, de los enterramientos, incluso de la salud cuando podía financiar un hospital e informa de las decisiones del Obispo, y a menudo las del mismo Señor. Por delegación del “papado”, en una doctrina de la teocracia, detenta la “soberanía” en los asuntos temporales y si no puede ejercer directamente la autoridad, el que lo haga será por delegación del “papado”. Además de los clérigos, la Santa Sede cuenta para ello con la ayuda inestimable de numerosos monasterios de donde emana la cultura.

El condado de Toulouse tenía gran importancia en la época y se encontraba en el centro de los acontecimientos. Siendo el conde de Toulouse también duque de Narbonne y marqués de Provence, era ante todo vasallo del rey de Francia, pero también lo era del rey de Inglaterra, del de Aragón y de Alemania ya que Arles era parte del territorio imperial germánico.

Si la herejía cátara progresa con tanta rapidez en los siglos XI y XII se debe principalmente a haber representado un movimiento de revuelta contra las prerrogativas y privilegios de los “señores” y de la jerarquía eclesiástica. De algún modo fue un asalto a la existente sociedad feudo-vasallática y eclesiástica de la época. La jerarquía social se justificaba como una “creación divina”, de donde emanaba la autoridad, pero el pueblo llano la percibía como una injusticia, como una “creación del mal” y no como un reflejo de la voluntad de Dios. Según la religión cátara, el “nacimiento” - la sangre que funda la distinción social - solamente podía ser una “invención satánica”. Es el demonio quien ha creado las clases sociales puesto que Dios había creado todas las almas iguales. Los cátaros infiltran su religión en el descontento con esta sociedad feudo-eclesiástica no igualitaria y para ello condenan el pilar de su apoyo que es el juramento vasallático entre señor y vasallo. Cualquier contrato, cualquier acuerdo, cualquier juramento es condenado por los cátaros.

Sin embargo, a pesar de su comienzo en la capas populares de la sociedad, la religión cátara acabó desarrollándose principalmente en los círculos de la nobleza que los propios cátaros habían vilipendiado. Y quizá se debiera ello a que la nobleza había visto la posibilidad de ampliar sus dominios territoriales si la Iglesia de Roma fuera a perderlos por efecto del asalto cátaro.

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la persecución del catarismo

El papa Inocencio III había otorgado las mismas indulgencias a los cruzados que iban a los Santos Lugares que a los que dirigían sus armas para combatir a los cátaros albigenses. Y las propiedades tomadas a los cátaros se declaraban propiedad de quien las tomaba.

Por fanatismo religioso o por ambición política y económica, Simon de Montfort preparó un ejército importante. Tomando en julio de 1209 el valle del Ródano, se dirigió a Béziers que saqueó e incendió haciendo matanza de sus habitantes en numero de unos 7.000. Carcassonne capitula en septiembre y el Papa le otorga el título de vizconde de Béziers y de Carcassonne. Ambiciona entonces los territorios del conde de Toulouse, aliado del rey Pedro II de Aragón. En la batalla de Muret mueren 20.00 hombres, entre ellos el rey Pedro de Aragón.

Durante su dominio del condado de Toulouse no pudo evitar varias sublevaciones. Cuando en 1218 asedia la ciudad de Toulouse, una piedra lanzada por una catapulta mata a Simon de Montfort. Su hijo Amauri le sucede, pero no teniendo ni el carácter ni el talento de su padre, abandonó sus derechos al condado de Toulouse en favor del rey Louis VIII “le Lion”. Será en 1229 cuando el rey San Luis firme el tratado de París con el heredero del condado Raymond VII poniendo fin a la guerra.

La Inquisición persiguió duramente a los cátaros.



Simon IV de Montfort
señor de Montfort
conde de Toulouse
conde de Leicester
duque de Narbonne
duque de Septimania
conde de Nimes
conde de Albi, etc
1165-1218
jefe de la cruzada contra los Albigenses (Cátaros)
casó con
Alix hija de Bouchard V
señor de Montmorency