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Peralta

Navarra

 


ruinas de la Atalaya  

Se localizan restos de la vieja Atalaya medieval en la parte alta de la peña - "petra alta" "petralta" -, dominando el pueblo sobre la torre de la antigua parroquia de San Juan Evangelista. Consisten en un torreón cuadrado de sillarejo, muy reconstruído. A cierta distancia de estos restos se localizan otros, sobresaliendo un grueso muro de argamasa que se eleva en un arco excavado en la roca, posible ingreso al recinto fortificado. En sus inmediaciones hay un pozo - del Moro - también excavado en la roca.

ermita de Santa Lucía

Refieren las crónicas que en el verano del año 924 un fuerte ejército musulmán vino a Navarra al mando del propio emir de Córdoba Adb al-Rahman III para infligir un severo castigo por las incursiones de reconquista que el rey de Pamplona Sancho I Garcés había llevado a cabo en el año 923 con ayuda del rey de León Ordoño II en los territorios riojanos de Nájera y Viguera. Los relatos de los cronistas musulmanes nos dicen que:

“De ahí pasó al lugar llamado Peralta (Bitra Alta, PetraAlta, PetraLata), en cuyos alrededores se encontraban castillos fuertemenete situados; los cristianos los evacuaron, pero dejando en la llanura todos sus bienes y víveres, que no tuvieron tiempo de llevarse. Algunos de ellos se refugiaron con sus mujeres e hijos en tres cuevas situadas al extremo de una cortadura dominando el valle; pero nuestros soldados no cesaron en sus ataques, y bien elevándose hasta allí, bien bajando hacia ellos, acabaron, gracias a Dios, por dominarlos; mataron a los hombres, redujeron a los niños a la exclavitud y se apoderaron de lo que dejaron los vencidos, encontrando allí el primer botín con que Dios les gratificó en el curso de esta campaña. Los castillos de esta región fueron destruídos y no se dejó una piedra en pié”

La Atalaya debió de tener un carácter defensivo cerca de la frontera de los Banu Qasi - que debió de situarse entre Milagro y Funes, por donde actualmente desciende la cañada al río - y en poder cristiano se convirtió en una importante tenencia en la vigilancia de la cercana frontera de la Taifa de Zaragoza hasta el derrumbe de ésta en 1118-1119 tras la conquista por el rey de Aragón y de Navarra, Alfonso I el Batallador (1073 -1104 -1134).

La Atalaya también habría constituido un importante baluarte defensivo ante el asedio castellano de 1378, durante las guerras entre Carlos II de Navarra Evreux (1332-1349-1387) y el advenedizo y usurpador del trono de Castilla, Enrique II de Trastamara (1333-1369-1379).

Durante la guerra contra Napoleón las tropas francesas que habían levantado el sitio de Zaragoza ante el temor de la llegada de un ejército español, vienen a acantonarse en Milagro por su buena situación estratégica y se instalan después en Peralta. El convento de los Capuchinos sirvió de cuartel.

En el siglo XV el señorío de Peralta fue otorgado por los reyes doña Blanca y don Juan a Mosén Pierres de Peralta para agradecerle su intervención en la guerra con Juan II de Castilla y don Álvaro de Luna. Su linaje sería con la Casa de Navarra cabeza del bando “agramontés” en el conflicto entre el rey consorte-viudo don Juan y su hijo Carlos de Viana.

Su descendiente Alonso Carrillo de Peralta se verá otorgado en 1513 el marquesado de Falces por Fernando el Católico en ocasión de su visita a Burgos para prestarle lealtad y obediencia.

armas de
Mosén Pierres de Peralta

torre de la antigua parroquia de San Juan Evangelista y río Arga


marqués de Falces