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“ Jacqueries ”

 

Así se llamó en Francia a las revueltas de campesinos que reprimió con dureza Carlos II rey de Navarra. Fueron así llamadas por la apelación de “jacques” o “Jacques Bonhomme” dada a estos campesinos. No se trataba de pobres campesinos desheredados de la fortuna, sino de campesinos bien acomodados de una de las regiones más ricas de Europa en la época. Las revueltas fueron motivadas por su indignación al ser expoliados por sus señores y burgueses

 

Los campesinos habían visto cómo los señores y nobles habían huído y abandonado al caballeresco rey Jean “le Bon” en la batalla de Poitiers en 1356, y ahora no aceptaban y se indignaban al ver que estos señores volvían a sus lugares para recabar rápidamente ingresos con nuevos impuestos para seguir financiando sus fracasos bélicos. No hacía mucho que la peste había desolado la población, encontrándose los campos agrícolas abandonados, razón por la cual la nobleza no disponía de ingresos, lo que quería compensar con exacciones tributarias a sus vasallos.

 

Jean II "le Bon" es tomado prisionero por Edward III de Inglaterra en la batalla de Poitiers

 

Los campesinos estaban también desolados por las correrías de los “brigands”, soldados mercenarios que en tiempo de paz o de tregua quedaban sin “empleo de guerra” y se convertían en salteadores o bandidos, asolando las campiñas y robando a los campesinos.

El 2 de mayo de 1358 un centenar de campesinos del territorio de Beauvais, forma una bandería que comienza atacando mansiones de señores e hidalgos de la región, violando y asesinando a sus moradores y quemando las casas. La revuelta - muy sangrienta y que se pretende respetuosa con la monarquía - se propaga rápidamente hacia la región de París, en Picardía y en Champagne. Inicialmente Etienne Marcel y los burgueses de París no les apoyan.

 

 

Guillaume Calle (o Carle) originario del pueblo de Mello cerca de Senlis, un antiguo soldado, lidera un numeroso grupo de unos 6.000 campesinos “jacques” y encuentra entonces un apoyo interesado en Etienne Marcel.

Los acontecimientos se van a precipitar en la ciudad de Meaux. Los “jacques” se hacen con la ciudad, rodean la fortaleza y rechazan a los soldados, incluso a la duquesa de Normandía, esposa del Delfín Charles . Los asediados, temerosos de su suerte ante el cerco de los campesinos, ven aliviados llegar en su ayuda al conde de Foix y vizconde de Béarn Gaston III Phebus, gobernador de Languedoc - cuñado del rey Carlos II de Navarra Evreux - y Jean de Grailly que están de vuelta de su cruzada contra los paganos de Prusia. El 9 de junio de 1358 se entabla un cuerpo a cuerpo en el puente de Marne que hace retroceder a los campesinos asaltantes. Victoriosos, los nobles se vengan sin contemplaciones: ahorcan al alcalde y saquean la ciudad que queman y queda ardiendo durante dos semanas.

 

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Así describe la crónica de Froissart lo ocurrido:

“Ils les abattoient à grands monceaux et les tuoient ainsi que bestes,
et en tuèrent tant qu'ils en estoient tous lassés et tannés, et les fessoient saillir en la rivière de Marne.
Finalement ils mirent`s fin en ce jour plus de sept mille, et boutèrent le feu en la désordonnée ville de Meaux,
et l'ardirent toute, et tous les vilains du bourg qu'ils purent dedans enclore”. 

Entretanto Guillaume Calle se encuentra asediando la fortaleza de Ermenonville en el noreste de París, ayudado por milicias enviadas por Etienne Marcel, cuando le llega la noticia de que el rey Carlos II de Navarra ha tomado el mando de la represión contra los “jacques”. Guillaume levanta el sitio de Ermenonville y sale amistosamente a su encuentro. En Clermont-en-Beauvois el rey de Navarra le había dado muestras de estar dispuesto a negociar un armisticio, pero cuando Guillaume viene a su encuentro es tomado prisionero. Al día siguiente, el 10 de junio de 1358, los campesinos privados de su jefe son exterminados.

Es el fin de la revuelta. Se lleva acabo un matanza de campesinos por todas partes y numerosos poblados son incendiados en señal de castigo. El rey de Navarra lleva una durísima represión contra los vencidos. Los jefes de la revuelta son torturados y ejecutados. Guillaume de Calle es decapitado tras haber sido coronado con un “trébedes” de hierro rusiente de cocina.

La masacre de Meaux donde los “jacques” fueron arrojados desde el puente al río es todavía recordada en Francia.