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castillo de Marcilla

siglo XV

Navarra

 

 

 

grabado de 1867

 

 


Cuenta la tradición oral que fue la marquesa de Falces, Ana de Velasco, quien logró salvar el castillo de la demolicion ordenada en 1516 por el cardenal Cisneros.

A la llegada de los soldados la Marquesa dispuso un gran banquete de recibimiento y se preparó para la defensa.

Embriagados los soldados, no le costó desarmarlos y vencerlos en una humillante derrota.

 

Mosen Pierres de Peralta, líder de la facción beamontesa en las luchas entre el príncipe Carlos de Viana y su padre el rey viudo-consorte don Juan, había comenzado a adquirir propiedades en Marcilla a principios del siglo XV.

Una parte importante de la villa y del territorio vecino de Funes estaba bajo el Señorío de las monjas de San Bernardo de Marcilla que regentaban el monasterio cisterciense de Nuestra Señora de la Blanca. El monasterio había sido fundado por el de Tulebras. Fue el rey Sancho VI el Sabio el que donó a las monjas la villa de Marcilla. El monasterio debió construirse entre 1160 y 1181 pues ya en este año figura en el Libro Redondo de la catedral de Pamplona su abadesa, llamada María. El monasterio no debió de tener mucha importancia y en el siglo XV los edificios amenazaban ruina y estaban casi vacíos.

Mosen Pierres urdió un complot para desalojar a las religiosas y apoderarse de su Señorío. A raíz de unos asesinatos que se produjeron en Marcilla en el año 1407, acusó a las monjas ante el rey Carlos III de haberlos inducido.

A instancias del Rey, el asunto fue llevado ante Benedicto XIII que estaba recluído en Peñíscola el cual - seguramente para congraciarse con el rey navarro - decretó el destierro de las monjas que debían marchar al monasterio cisterciense de Cambrón cerca de Sádaba. Expulsadas las monjas de Marcilla, Pierres de Peralta maniobró de forma que el Convento y Señorío de Marcilla fuera cedido a los monjes cistercienses de La Oliva tras haber sido dado inicialmente (3 octubre 1405) a los Agustinos (de lo cual se desdijo el papa Luna en otra bula de 1414). Los monjes de La Oliva fundaron en Marcilla un priorato con cuatro religiosos que dependían del abad de La Oliva Juan de Peralta, un pariente próximo de Pierres. Este abad llevó entonces a cabo una permuta por la que cedía a Pierres de Peralta todos los bienes de las monjas a cambio de algunos lugares en Gallipienzo, Eslava y Sada. Las monjas se quedaron con una pequeña huerta junto al Monasterio (en lo que hoy es la plaza del Póstigo). Hasta el año 1608 en que se erige en abadía independiente, el prior fue elegido por La Oliva. En 1700 se inició la construcción de un nuevo monasterio que ocupan actualmente los Agustinos Recoletos desde 1865. La vida cisterciense había terminado en el año 1835 con la Desamortización.

convento de Agustinos Recoletos y Monasterio de Santa María

Marcilla

 

También se tiene por tradición en Marcilla que la mañana de la salida de las monjas del convento, la Comunidad se reunió en la huerta. Todas llorosas y abatidas por ver su inocencia ultrajada por el ambicioso Pierres, procedieron a abandonar aquella mansión llena de místicos encantos. Al llegar a la misma puerta del póstigo se arrollidaron todas y se pusieron en oración. Vuelta la abadesa a la vid o parra que allí había dijo : "A tí, oh insensible aunque viva planta, pongo por testigo.... si son verdad los crímenes que nos imputan, seguirás dando fruto, y si son falsos... sobre tí caiga la maldición de Dios y de Nuestra Señora María de la Blanca para que jamás se vean llegar a perfección sus racimos". Y desde entonces ya no dió buen fruto. Hoy la parra forma parte del escudo de Marcilla, junto a su castillo y el lugar donde este hecho ocurrió se le llama hoy "la plaza del póstigo".

Dueño ya Mosén Pierres del Señorío de Marcilla, que era tan pingüe, y enamorado de la situación topográfica de la villa, pensó en construir un palacio que le sirviera de castillo y de residencia a pesar de tener su propia Casa en el Palacio del Cabo de Armería de Peralta. Y construyó un castillo que en dimensiones y fortaleza sobrepujó a todos los similares del Reyno. Los castillos navarros no eran tan grandes y sólo tenían una torre cuadrada. Mossén puso tres en su castillo y su arquitectura fue militar.

 

 


El castillo-palacio de Marcilla fue la cabeza visible del marquesado de Falces que Fernando el Católico había otorgado en el año 1513 a Alonso Carrillo de Peralta, nieto de Mossen Pierres “el Joven” de Peralta. La construcción es un bello ejemplo de construcción gótica en ladrillo sobre taludes de piedra. Data del primer tercio del siglo XV e inicialmente tomó el carácter de fortaleza defensiva para más tarde pasar a ser un castillo-residencia palaciega.

Tres años después, justamente después de la muerte del Rey Católico en 1516, el cardenal Cisneros ordena la destrucción de los castillos de Navarra.

La marquesa Ana de Falces dijo al coronel que sitiaba el castillo:

“ Venís a intimarme la rendición de esta fortaleza
para sumarla a la obra de
devastación y ruina, incendio y pillaje, torpemente decretada.

Confiais os entreguemos estas torres y estas armas,
olvidando nuestra dignidad y vuestra vileza.

Sabed que no hemos de rendir a vuestros pies el honor de mi casa....

Si al rey vuestro señor place mi castillo,
venga por él;
que yo no he de rendirle al más villano de los soldados,
cuyas manos, envilecidas por el crimen,
jamás empuñarán las llaves de este recinto”