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Causas de la Guerra de Sucesión al trono de España

Cuadro genealógico
La Paz y los Tratados de Utrecht
Los Tratados de Utrecht 1713-14
Tratado de Utrecht de 13 de julio de 1713 (artículo X)


Carlos II de España


Causas de la Guerra de Sucesión al trono de España

El precario estado de salud del rey Carlos II de España (1661-1665-1700), sin descendencia, dejó abierta la sucesión a tres pretendientes:

Luis el "Gran Delfín"
Luis XIV de Francia

Felipe, duque de Anjou
María Teresa de Austria, infanta de
España y reina de Francia


o Luis XIV de Francia (1638-1643-1715), en nombre de su hijo mayor, Luis el Gran Delfín (1661-1711), llamado “Monseigneur”, un nieto del rey Felipe IV de España a través de la hija de éste, María Teresa (1638-1683), con quien había casado Luis XIV como parte del Tratado de los Pirineos de 1659. Cuando el hijo mayor de Luis XIV fallece en 1711, Luis XIV reclama la sucesión al trono español en nombre de su nieto Felipe, duque de Anjou (1683-1746), el segundo hijo del Gran Delfín.

Margarita Teresa de Austria
príncipe Joseph Ferdinand

Felipe IV de España

o el joven príncipe Elector de Baviera, Joseph Ferdinand (1692-1699), nieto del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Leopoldo I (1640-1705), que  había casado con Margarita Teresa de Austria (1651-1673), una hija menor de Felipe IV de España, y bisnieto de Felipe IV de España.

Archiduque Carlos de Austria
Emperador Leopoldo I

Leonor Magdalena de Neuburg

o y, a la muerte del joven príncipe en 1699, el propio Emperador Leopoldo I (1640-1705), aunque reclamando la sucesión en favor de su hijo por un segundo matrimonio con Eleonor Magdalena de Neuburg (1655-1720), el archiduque Carlos de Austria (1685-1740), más tarde Emperador del Sacro Imperio como Charles VI.

Inglaterra y Holanda se opusieron al pretendiente francés ya que trataban de oponerse a la unión de los dominios de España y Francia, pues ello habría hecho de Francia la primera potencia mundial y habría desviado el comercio español de Inglaterra y Holanda hacia Francia.Por otro lado, Inglaterra, Holanda y Francia se opusieron inicialmente al archiduque Carlos, ya que éste habría reunido las ramas española y austriaca de los Habsburgo.

Luis XIV, cansado de la guerra de la Gran Alianza (Liga de Augsburgo), buscó una solución pacífica a la controversia de la sucesión y llegó a un acuerdo (1698) con "su enemigo mortal", el rey William Henry de Orange, William III de Inglaterra (1650-1702). Este primer Tratado de Partición designó al joven príncipe Joseph Ferdinand como el principal heredero. En compensación, el Delfín francés debía recibir territorios que incluirían Nápoles y Sicilia, mientras que Milán iría al archiduque Carlos de Austria. España se opuso a la desmembración de su Imperio, por lo que el rey Carlos II respondió nombrando al joven príncipe Joseph Ferdinand heredero único de todo el Imperio español.

La inesperada muerte (1699) de Joseph Ferdinand por causa de la viruela hizo inoperante el tratado anglo-francés, lo que llevó al Tratado de la Segunda Partición (Tratado de Londres) en 1700, acordado entre Francia, Inglaterra y los Países Bajos. Según los términos del Tratado, Francia recibiría Nápoles, Sicilia y Milán, mientras que el resto de los dominios españoles irían al Archiduque Carlos de Austria. El tratado fue del agrado de Luis XIV de Francia, pero fue rechazado por Leopoldo I, que insistía en obtener la totalidad de la herencia para su hijo. Mientras los diplomáticos seguían buscando una solución pacífica, los Grandes de España, deseosos de preservar la unidad territorial del Imperio, convencieron a un moribundo Carlos II de nombrar como su único heredero al nieto de Luis XIV, Felipe, duque de Anjou, que finalmente se convirtió en Felipe V de España. Luis XIV, decidido a respetar la decisión de Carlos II, rompió el Tratado de la Segunda Partición.

Felipe V de España

Aunque Inglaterra y Holanda estaban dispuestos a reconocer al pretendiente francés Felipe de Anjou como rey de España, se veían perjudicados en el futuro por la creciente competencia comercial de Francia. Así, la amenaza comercial francesa, la reserva de los derechos de Felipe de Anjou a la sucesión de la corona francesa (diciembre, 1700), y la ocupación francesa de las fortalezas en la frontera entre los holandeses y los Países Bajos bajo dominio español (febrero, 1701) llevaron a la formación de una alianza anti-francesa entre Inglaterra, el Emperador Leopoldo I, y los holandeses. El conflicto que siguió, conocido como la Guerra de Sucesión de España, continuaría hasta 1713, tratándose principalmente de un conflicto entre la Francia de Luis XIV y la Inglaterra de la Reina Ana, en el que España, su trono y su Imperio, fueron el "objeto de deseo".


reina Ana de Inglaterra

La Paz y los Tratados de Utrecht


Una docena o más de los tratados firmados en Utrecht o en otro lugar (por ejemplo, Rastaat, Baden), 1713-1715, constituyen en su conjunto la Pacificación de Utrecht. Esta serie de tratados que cierran la Guerra de Sucesión al trono de España (1701-1713), puso fin a la expansión francesa y marcó la aparición y desarrollo del Imperio Británico. La guerra fue consecuencia de una disputa, principalmente entre Francia e Inglaterra, sobre quién debía heredar el trono de España y sus posesiones, después de que la dinastía Habsburgo (Carlos II) hubiera de extinguirse en 1700.

Según los términos de los tratados de Utrecht, un nieto de Luis XIV de Francia, Felipe, duque de Anjou, fue reconocido como rey de España (como Felipe V), conforme lo había estipulado en su testamento el difunto rey Carlos II de España. Los tratados de Utrech vinieron a confirmar lo acordado previamente en los Tratados de Partición (1697, anteriormente a la muerte de Carlos II) y (1700) entre Inglaterra y Francia, que declararon que las coronas de España y Francia nunca deberían estar unidas. Esto fue parte de la política exterior británica para lograr la paz en Europa mediante el establecimiento de un equilibrio de poder, impidiendo que Francia en particular uniera y dominara el continente europeo. El Imperio europeo de España también debía ser dividido.

Francia y Gran Bretaña llegaron a establecer acuerdos en octubre de 1711, cuando unos preliminares de paz fueron firmados en Londres. Este acuerdo inicial se basó en una aceptación tácita de la partición de las posesiones europeas de España. Después de este acuerdo anglo-francés, un Congreso quedó abierto en Utrecht a partir del 29 de enero de 1712. Una de las primeras cuestiones  que se discutieron fue la naturaleza de las garantías que se habían de dar por parte de Francia y de España a fin de que las coronas de ambos países se mantuvieran separadas. No hubo mucho progreso en Utrecht hasta después del 10 de julio de 1712 cuando el rey de España Felipe V - nieto de Louis XIV - firmara una renuncia a sus derechos de sucesión al trono de Francia. Habiéndose acordado una tregua entre Gran Bretaña y Francia, el ritmo de las negociaciones pudieron acelerarse, firmándose los principales tratados en abril de 1713.

Según el tratado entre Inglaterra y Francia de 11 de abril de 1713, Luis XIV reconoció la sucesión al trono de Inglaterra, según lo establecido en la casa de Hanover y confirmó la renuncia de las pretensiones al trono de Francia por parte de su nieto, Felipe V de España. Las fortificaciones francesas de Dunkerque debían ser destruidas y su puerto inhabilitado, debiendo cederse a Inglaterra el territorio de la bahía de Hudson, Acadia, San Kitts y Terranova.
  
Por un tratado comercial suscrito entre Francia e Inglaterra se concedieron mútuamente una cláusula de “nación más favorecida”. Y por un tratado firmado con los Países Bajos (11 de abril 1713), Francia acordó entregar a Austria los Países Bajos españoles que todavía seguían en manos de los franceses, los cuales territorios debían ser mantenidos en fiducia por los Países Bajos hasta la conclusión de un tratado entre los Países Bajos y el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

También se firmó un tratado comercial entre Francia y los Países Bajos. Francia, además, devolvió la Saboya y Niza a Víctor Amadeo II, reconociéndole como rey de Saboya. Francia firmó también un tratado con Portugal y otro con Prusia confirmando el reinado de los reyes de Prusia.


El tratado anglo-español de 13 de julio de 1713, impuesto por Luis XIV a su nieto Felipe V, rey de España, confirmó las cláusulas de los tratados anglo-franceses en relación con las sucesiones inglesas y francesas. Según este tratado, impuesto al nuevo rey de España, Felipe V, por Luis XIV de Francia, España debía ceder Gibraltar y Menorca a Gran Bretaña, cediendo también Sicilia (que se intercambió en 1720 por Cerdeña) por parte de España a Saboya. Gran Bretaña y España firmaron también el “Asiento”, un acuerdo por el que Gran Bretaña obtenía el derecho exclusivo de la trata de esclavos con la América española.

El Tratado de Rastatt (7 de marzo de 1714) suscrito entre Luis XIV y el emperador del Sacro Imperio Carlos VI y el Tratado de Baden (7 de septiembre de 1714), que completó el acuerdo, devolvió la orilla derecha del río Rín al Imperio y se confirmó la posesión por parte de Austria de los Países Bajos, antes bajo dominio español, así como Nápoles y Milán. El Tercer Tratado de la Barrera  (15 noviembre de 1715) tuvo como fin regular las relaciones comerciales entre los Holandeses y los Países Bajos, ahora austríacos.

Los Tratados de Utrecht 1713-14

listado de los tratados:


Tratado de Utrecht de 13 de julio de 1713

ARTÍCULO X

El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno.

Pero, para evitar cualesquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra. Y como la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos, y de aquí puede resultar que los soldados de la guarnición de Gibraltar y los vecinos de aquella ciudad se vean reducidos a grandes angustias, siendo la mente del Rey Católico sólo impedir, como queda dicho más arriba, la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra, se ha acordado que en estos casos se pueda comprar a dinero de contado en tierra de España circunvecina la provisión y demás cosas necesarias para el uso de las tropas del presidio, de los vecinos y de las naves surtas en el puerto.

Pero si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarían al fisco, y presentada queja de esta contravención del presente Tratado serán castigados severamente los culpados .

Y Su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar, ni se de entrada ni acogida a las naves de guerra moras en el puerto de aquella Ciudad, con lo que se puede cortar la comunicación de España a Ceuta, o ser infestadas las costas españolas por el corso de los moros. Y como hay tratados de amistad, libertad y frecuencia de comercio entre los ingleses y algunas regiones de la costa de África, ha de entenderse siempre que no se puede negar la entrada en el puerto de Gibraltar a los moros y sus naves, que sólo vienen a comerciar.

Promete también Su Majestad la Reina de Gran Bretaña que a los habitantes de la dicha Ciudad de Gibraltar se les concederá el uso libre de la Religión Católica Romana.

Sin en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender o enajenar, de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla.

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Causes of the Spanish Succession War
Spanish Succession family tree
Peace and Treaties of Utrecht
The Utrecht Treaties of 1713-14
Treaty of Utrecht of July 13 1713, article X

Charles II of Spain

 

Causes of the Spanish Succession War

The precarious health of the childless King Charles II (1661-1665-1700) of Spain left the succession open to the claims of three principal pretenders,

Louis XIV Louis "Grand Dauphin"

Philip Duc of Anjou
Marie Thérèse, Infanta of Spain
and Queen of France

England and Holland were opposed to the French pretendent because they were opposed to the union of French and Spanish dominions, since this would have made France the leading world power and diverted Spanish trade from England and Holland to France. On the other hand, England, Holland, and France were initially all opposed to Archduke Charles, because his accession would reunite the Spanish and Austrian branches of the Hapsburg family.

Louis XIV, exhausted by the war of the Grand Alliance (League of Augsburg), sought a peaceful solution to the succession controversy and reached an agreement (1698) with “his mortal enemy” King William Henry of Orange, William III of England (1650-1702). This First Partition Treaty designated Joseph Ferdinand as the principal heir; in compensation, the French Dauphin was to receive territory including Naples and Sicily, and Milan was to fall to Archduke Charles. Spain opposed the partition of its empire, and Charles II responded by naming Joseph Ferdinand sole heir to the entire Spanish Empire.

The unexpected death (1699) of Joseph Ferdinand of smallpox rendered the Anglo-French treaty inoperative and led to the Second Partition Treaty (Treaty of London) in 1700, agreed upon by France, England, and the Netherlands; under its terms, France was to receive Naples, Sicily, and Milan, while the rest of the Spanish dominions were to go to Archduke Charles. The treaty was acceptable to Louis XIV but was rejected by Leopold I, who insisted upon gaining the entire inheritance for his son. While the diplomats were still seeking a peaceful solution, Spanish grandees, desiring to preserve territorial unity, persuaded the dying Charles II to name as his sole heir the grandson of Louis XIV - Philip, duke of Anjou, who became Philip V of Spain. Louis XIV, deciding to abide by Charles's will, broke then the partition treaty.

Philip V of Spain

England and Holland, although willing to recognize Philip as King of Spain, were antagonized by France's growing commercial competition. The French commercial threat, the reservation of Philip's right of succession to the French crown (Dec., 1700), and the French occupation of border fortresses between the Dutch and the Spanish Netherlands (Feb., 1701) led to an anti-French alliance among England, Leopold I, and the Dutch. The subsequent conflict, known as the War of the Spanish Succession, continued until 1713, becoming principally a conflict between France and Britain, in which Spain - its throne and its Empire - was only an "objet du désir".


Queen Anne

Peace and Treaties of Utrecht

Some dozen or more treaties signed at Utrecht or elsewhere (for example, Rastaat, Baden), 1713-15, together make up the Pacification of Utrecht. These series of treaties that concluded the War of the Spanish Succession (1701-1713),  put an end to French expansion and signaled the rise of the British Empire. The war resulted from a dispute, principally between France and England, over who should inherit the crown of Spain and its possessions after its Habsburg rulers (Carlos II) became extinct in 1700.

By the treaties' provisions, Louis XIV's grandson Philip, Duke of Anjou was recognized as King of Spain (as Philip V), as stipulated in the will of the late King Carlos II of Spain. The treaties enforced the Partition Treaties of (1697) and (1700) between England and France - signed before the death of Carlos II of Spain - which stated that the Spanish and French crowns should never be united. This was part of British foreign policy to make peace in Europe by establishing a balance of power and preventing France in particular from uniting and dominating the Continent. Spain's European empire was also to be divided.

France and Great Britain had come to terms in October 1711, when the preliminaries of peace had been signed in London. This initial agreement was based on a tacit acceptance of the partition of Spain's European possessions. Following this, a Congress opened at Utrecht on 29 January 1712. One of the first questions discussed was the nature of the guarantees to be given by France and Spain that their crowns would be kept separate, and matters did not make much progress until after 10 July 1712, when the king of Spain Philip V – grandson of Louis XIV - signed a renunciation to his succession rights to the French throne. With Great Britain and France having agreed a truce, the pace of negotiation now quickened, and the main treaties were finally signed on April 1713.

By the treaty between England and France (Apr. 11, 1713), Louis XIV recognized the English succession as established in the house of Hanover and confirmed the renunciation of the claims to the French throne of Louis's grandson, Philip V of Spain. The French fortifications of Dunkirk were to be razed and the harbor filled up, and the Hudson Bay territory, Acadia, St. Kitts, and Newfoundland were ceded to England.

By a commercial treaty England and France granted each other most-favored-nation treatment. By a treaty with the Netherlands (Apr. 11, 1713) France agreed to surrender to Austria the Spanish Netherlands still in French hands; these were to be held in trust by the Netherlands until the conclusion of a treaty between the Netherlands and the Holy Roman Emperor.

A commercial treaty between France and the Netherlands was also signed. France furthermore restored Savoy and Nice to Victor Amadeus II, recognizing him as king of Savoy. France also signed a treaty with Portugal and one with Prussia confirming the kingship of the Prussian rulers.

The Anglo-Spanish treaty (July 13, 1713), imposed by Louis XIV to his grandson Philip V King of Spain, confirmed the clauses of the Anglo-French treaties relating to the English and French successions. According to this treaty imposed by Louis XIV to his grandson, the new king of Spain, Philippe V, Spain ceded Gibraltar and Minorca to Great Britain and ceded Sicily (exchanged in 1720 for Sardinia) to Savoy. Britain and Spain signed also the so-called “Asiento”, an agreement giving Britain the sole right to the slave trade with Spanish America.

The Treaty of Rastatt (March. 7, 1714) between Louis XIV and Holy Roman Emperor Charles VI and the Treaty of Baden (Sept. 7, 1714), which completed the settlement, restored the right bank of the Rhine to the Empire and confirmed Austria in possession of the formerly Spanish Netherlands, of Naples, and of Milan. The Third Barrier Treaty (Nov. 15, 1715) regulated trade relations between the Dutch and Austrian Netherlands.

The Utrecht Treaties of 1713-14

List of treaties

Treaty of Utrecht of July 13 1713, article X

Treaty of Peace and Friendship between the Most Serene and Most Potent Princess Anne, by the Grace of God, Queen of Great Britain, France, and Ireland, Defender of the Faith, &c. and the Most Serene and Most Potent Prince Philip the Fifth, the Catholic King of Spain, concluded at Utrecht the 2/13 Day of July, 1713.

ARTICLE X

"The Catholic King does hereby, for himself, his heirs and successors, yield to the Crown of Great Britain the full and entire propriety of the town and castle of Gibraltar, together with the port, fortifications, and forts thereunto belonging; and he gives up the said propriety to be held and enjoyed absolutely with all manner of right for ever, without any exception or impediment whatsoever. But that abuses and frauds may be avoided by importing any kind of goods, the Catholic King wills, and takes it to be understood, that the above-named propriety be yielded to Great Britain without any territorial jurisdiction and without any open communication by land with the country round about. Yet whereas the communication by sea with the coast of Spain may not at all times be safe or open, and thereby it may happen that the garrison and other inhabitants of Gibraltar may be brought to great straits; and as it is the intention of the Catholic King, only that fraudulent importations of goods should, as is above said, be hindered by an inland communications. it is therefore provided that in such cases it may be lawful to purchase, for ready money, in the neighbouring territories of Spain, provisions and other things necessary for the use of the garrison, the inhabitants, and the ships which lie in the harbour. But if any goods be found imported by Gibraltar, either by way of barter for purchasing provisions, or under any other pretence, the same shall be confiscated, and complaint being made thereof, those persons who have acted contrary to the faith of this treaty, shall be severely punished. And Her Britannic Majesty, at the request of the Catholic King, does consent and agree, that no leave shall be given under any pretence whatsoever, either to Jews or Moors, to reside or have their dwellings in the said town of Gibraltar; and that no refuge or shelter shall be allowed to any Moorish ships of war in the harbour of the said town, whereby the communication between Spain and Ceuta may be obstructed, or the coasts of Spain be infested by the excursions of the Moors. But whereas treaties of friendship and a liberty and intercourse of commerce are between the British and certain territories situated on the coast of Africa, it is always to be understood, that the British subjects cannot refuse the Moors and their ships entry into the port of Gibraltar purely upon the account of merchandising. Her Majesty the Queen of Great Britain does further promise, that the free exercise of their religion shall be indulged to the Roman Catholic inhabitants of the aforesaid town. And in case it shall hereafter seem meet to the Crown of Great Britain to grant, sell or by any means to alienate therefrom the propriety of the said town of Gibraltar, it is hereby agreed and concluded that the preference of having the sale shall always be given to the Crown of Spain before any others".

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Carlos Sánchez-Marco
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Great Britain cedes “de facto” sovereignty to Gibraltar

Gibraltar is given a veto on questions pertaining to a change
 in the status of Gibraltar’s sovereignty

Although Great Britain recognizes that Gibraltar’s new Constitution has changed the relationship between the UK and Gibraltar, yet, it  is argued that this does not jeopardise UK sovereignty over Gibraltar.  Although the UN still considers Gibraltar as a UK colony, the UK has “de facto” transferred sovereignty to Gibraltar, as explained below.

“Gibraltar today enjoys a level of political security that it has never before enjoyed, based on3 key achievements:

• we have seen an end to bilateral talks about our homeland between U.K. and Spain in the Brussels Process and we have obtained from the U.K. a new improved commitment that it would NOT even sit down with Spain to discuss our Sovereignty without our consent.

• we have secured “safe and dignified “ dialogue in the trilateral forum, in which we are present IN OUR OWN RIGHT and with OUR OWN VOICE, in a dialogue that is open in agenda and thus NOT predetermined on the question of sovereignty, and in which forum we have a RIGHT of veto where nothing can be agreed unless Gibraltar agrees!

• we have secured a new Constitution with the U.K. which maximizes our self government and control of our own affairs, while consolidating and retaining our British Sovereignty and constitutional links with Britain in a non-colonial relationship.
          (source:   http://www.gsd.gi/our-values/security.php  (January2012):